Alberga más de mil 300 ejemplares de la flora de Guatemala y otros países, y ha comenzado una serie de programas y actividades que ya dan sus primeros frutos 

Un pasillo frío te conduce al museo de Historia Natural de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Allí encuentras las salas de clases de lo que una vez fue un colegio de paredes bordeos convertidas en pequeños ecosistemas congelados en el tiempo. Una es hoy un insectario y en la parte superior de la vitrina encuentras las leyendas asociadas a cada especie, como, por ejemplo, que los nativos consideraban que las mariposas negras eran las almas de los difuntos que permanecían en este mundo sin posibilidad de irse a descansar. La sala contigua, en cambio, exhibe a los anfibios y reptiles guatemaltecos así como la siguiente, los peces y algas.

Pero si avanzas por la izquierda hasta el final del pasillo y cruzas la reja de madera te encontrarás en la entrada del mayor tesoro natural de la Ciudad de Guatemala: el Jardín Botánico y sus más de 113 jardineras, 412 especies y mil 337 ejemplares del mundo de la flora. Al avanzar podrás observar no solo los árboles, las flores y plantas de Guatemala, sino también de otros países de América.

Allí, una noche de mayo del año pasado comenzó una de las actividades más populares que realiza actualmente el jardín: “Murciélagos, mis amigos nocturnos”. En estas no solo los asistentes pueden participar en conferencias sobre la importancia de este animal y descubrir su impacto real en el ecosistema, sino que además pueden conocerlos e interactuar con ellos.

Hace dos años comenzamos a planificar actividades extraprogramáticas para fomentar en un ambiente sano y seguro que la gente se acercara a la naturaleza y a la ciencia por medio del jardín ”, explica Albina López, encargada de Difusión del Jardín Botánico de la Usac.

El jardín además desarrolla un programa educativo ambiental que tiene como objetivo apoyar las clases sobre ciencias naturales, botánica, conservación e historia.

La idea es aprender sin dañar. Es por eso que para evitar pisar las plantas cada ruta está señalizada. Todas las especies tienen su nombre científico y su denominación común. Sentirás no solo que un jaguar o un guacamayo pueden salir de entre las ramas de un frondoso árbol en cualquier momento, sino también podrás disfrutar de una de las pocas áreas verdes del departamento de Guatemala, remarcó López.

Anualmente el recinto recibe 12 mil personas, la mayoría escolares. Pero la idea es que las visitas aumenten. “El objetivo no es solo difundir el jardín y sus actividades, sino que la gente vaya comprendiendo el papel que tiene cada especie en su entorno. Así, se interesen y se acerquen a lo que se hace aquí”, enfatiza Albina López.

El horario de atención es de lunes a viernes, de 8 de la mañana al mediodía y de 1 a 3 de la tarde.

La historia

El Jardín Botánico fue fundado el 27 de diciembre de 1922 por la facultad de Ciencias Químicas y Farmacia de aquella casa de estudios. Se edificó sobre el terreno en el que funcionó la Escuela Práctica de Varones y en 1997 fue declarado Monumento Histórico de la casa de estudios.

En tanto, el Ministerio de Cultura y Deportes lo declaró Conjunto Histórico del Barrio de Ciudad Vieja y de la Avenida de la Reforma.

 

Información por Flor Guzmán