"Frente a engaños, propaganda falsa, populismos que prometen imposibles, queremos recordar que es el bien común de todos los guatemaltecos el que debe guiar nuestro examen de las opciones que se presenten, así como determinar al final nuestro voto", señalaron los obispos en un comunicado. 

Los miembros de la Conferencia Episcopal de Guatemala que realizaron su reunión anual, expresaron inquietud ante la proximidad de los comicios, en los que también se elegirán diputados y alcaldes, al señalar que "la política partidista ve más los intereses particulares que el interés general"

Los guatemaltecos serán llamados a las urnas en septiembre para elegir al sustituto del presidente Otto Pérez, un general retirado que inició su mandato de cuatro años el 14 de enero de 2012, tras ganar las elecciones generales con el derechista Partido Patriota (PP). 

Pérez centró su campaña en la promesa de aplicar "mano dura" para combatir la criminalidad, pero activistas de derechos humanos han señalado que esa política fracasó debido al recrudecimiento de la violencia que el año pasado dejó casi 6,000 muertos. 

Las autoridades guatemaltecas estiman que cerca del 50% de estas muertes violentas están asociadas al narcotráfico y a la lucha entre pandillas.

"Denunciamos la inmensa cantidad de problemas que nos afligen y aprisionan: la corrupción generalizada, la violencia desenfrenada, la baja calidad de la educación, la crisis en el sistema de salud", entre otros problemas sociales, añadió el mensaje. 

La Conferencia de obispos también mostró su malestar por la lenta administración de justicia, la dificultad para generar empleos y "el drama de la migración que resquebraja familias".

Desde el último comunicado de la Conferencia Episcopal, los problemas sociales de Guatemala lejos de haber desaparecido, "desgraciadamente han aumentado y se han agravado", puntualiza la declaración.

Los obispos integrantes de la Conferencia Episcopal de Guatemala expresaron su preocupación por la situación de violencia en el país, así como por la baja calidad educativa, la crisis en el sistema de salud y la lenta aplicación de la justicia.

Monseñor Mario Molina, vicepresidente de la CEG opinó que los problemas se deben a no poner en práctica la ética social, que calificó como “madre de la política social”.