El jueves 7 de mayo falleció a las 3:00am Armando Pirir, quien padecía insuficiencia renal, a causa de "negligencia médica y las bolsas de tratamiento no higienizadas", según Alejandra Pirir, hermana de la víctima.

"Armando era un muchacho alegre, responsable, decidido, estudioso y entregado a Dios. Ayudaba a todas las personas que podía y lo hacía de corazón", afirma Pirir.

El joven de 35 años laboraba en el Ministerio de Trabajo, en el área de Comunicación Social.

"Él amaba su trabajo, se levantaba todos los días dándole gracias a Dios por su trabajo, él iba por que le gustaba no por devengar un sueldo".

"Todavía no me acostumbro a no verlo, no puedo creer que una persona tan llena de vida ya no esté con nosotros, nos amaba mucho. Él estaba a cargo de mi papá y de sus sobrinos", dice su hermana, con la voz entrecortada.

Armando estudiaba Periodismo en la Universidad San Carlos de Guatemala, le diagnosticaron la enfermedad hace tres años y seis meses, y debido a eso dejó de estudiar. Según su hermana, este año empezó a estudiar Teología en la Universidad Rafael Landívar

El calvario de la enfermedad

Cuando le diagnosticaron la enfermedad, Armando no contaba con el IGSS (Instituto de Seguridad Social), entonces acudió al Hospital Roosevelt. Luego fue a Baxter, empresa dedicada a ayudar a pacientes con insuficiencia renal.

Este año le dieron su plaza fija en el Ministerio de Trabajo; desde ese momento empezó a asistir al IGSS. 

"En el IGSS fue atendido sin ningún problema, todos los que lo conocían no notaban su enfermedad, porque el llevaba una vida normal". 

En marzo él le dijo a su hermana que lo iban a operar, al final, la intervención ya no se llevó a cabo; sin embargo, lo llamaron para decirle que cambiarían de empresa de suministros. Según Alejandra, desde que Pisa trabaja con el IGSS, Armando empezó a decaer, "las bolsas de tratamiento que daban no estaban higienizadas". 

"El 29 de abril a las 11:00 pm me llamó porque tenía mucho dolor, a la mañana siguiente fue a Pisa y nadie quiso atenderlo, no le dieron ni un medicamento para calmar el dolor que tenía. Luego fue al IGSS y lo dejaron internado, como no habían camillas, él se acomodó en tres sillas", cuenta Pirir.

"Pasó el fin de semana y hasta el lunes logramos que le dieran camilla y que la nefróloga lo fuera a ver. Mi hermano me dijo que él no se iba a morir por la enfermedad, sino, por el dolor y la falta de atención, hasta que el jueves 7, dejó de respirar".