"Puedo decirles, mirándolos a los ojos, yo no maté a Tiniguar (José Abraham), ni a ningún otro detenido. No di órdenes de ejecutar a nadie. Tampoco participé en la planificación. Esa es la verdad, poco importa si no me creen", dijo Sperisen de pie, vestido de traje negro y camisa celeste, frente a los ocho jueces de la Cámara Penal de Apelación y Revisión de la Corte de Justicia de Ginebra, que va a emitir sentencia el próximo martes.

"Antes de iniciarse este juicio yo ya estaba condenado. (...) Hay una necesidad de encontrar un culpable a cualquier precio. (...) Hay un interés económico y político de que yo permanezca en prisión. No ha habido imparcialidad”, afirmó Sperisen al finalizar su comparecencia en el juicio, tras lo cual se abrazó con su madre y con su esposa presentes en la sala, mientras dejaba caer alguna lágrima.

Previamente Florian Baier, uno de sus abogados, pidió su “liberación inmediata”, luego de casi dos jornadas de alegatos, en las que sostuvo que los siete prisioneros de la cárcel de Pavón perecieron en un enfrentamiento armado con las fuerzas del orden, y no fueron ejecutados. Una de las víctimas, José Abraham Tiniguar, fue abatido personalmente por el jefe de la PNC, según la sentencia de hace un año.

Baier denunció la existencia de un informe conteniendo 70 fotografías de armas de fuego requisadas en la penitenciaría de Pavón, que Guatemala no entregó a Suiza para este juicio, e indicó haber proporcionado al tribunal un video donde se observa que los detenidos ofrecieron resistencia armada ante la irrupción policial, lo cual demostraría que hubo un enfrentamiento, pero deploró que ese extremo tampoco fue comunicado por Guatemala a Suiza.

El fiscal Yves Bertossa insistió que deben agregarse a la condena otros tres asesinatos de reos, acaecidos en la prisión de “El Infiernito” en 2005. Según el fiscal esos tres fueron ejecutados por decisión de Sperisen, el cual delegó la operación en uno de sus subordinados, Victor Soto, quien por esos hechos fue condenado a 33 años de cárcel en Guatemala.

Al solicitar al tribunal que amplíe a diez asesinatos la condenación a cadena perpetua de Sperisen, Bertossa exhortó a los jueces a retener como prueba de culpabilidad las declaraciones convergentes de varios testigos, que señalan a Sperisen como responsable de los crímenes, y a dejar de lado ciertas contradicciones en las declaraciones porque los episodios ocurrieron hace una década, en un contexto dramático de violencia.