El equipo de Publinews viajó hasta una de las comunidades afectadas por la contaminación del río La Pasión, en Sayaxché, Petén, que provocó la muerte de miles de peces y crustáceos.

El agua, ahoras oscura del río La Pasión mantenía la vida en la comunidad que habita el pescador y agricultor Julio César Hun. Los niños se bañaban al salir de la escuela, las madres lavaban la ropa en la orilla y los hombres atrapaban peces para el alimento familiar.

La vida de 80 familias depende de la corriente que ahora arrastra muerte y los tiene atemorizados y con sed porque evitan beber el agua.

Kenneth Monzón

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“Ahora solo comemos hierbas y frijoles por miedo”, menciona la lideresa María Ibañez al recorrer la orilla del río donde está por llegar la “peste” del agua oscura y con un olor a podrido.

Hun se acercó a una caravana de vehículos que les proporcionó bolsas de agua y alimentos. “Estamos en alerta, nos preocupa la contaminación”, menciona a Publinews.

El pueblo está a 42 kilómetros de Sayaxché por un camino de terracería que tarda dos horas en ser transitado en vehículo de doble tracción. Hay una escuela a la que asisten 116 niños y un instituto con 34 jóvenes.

La gente de la población tiene sed porque el agua del río era usada para cocinar hasta la semana pasada cuando se alertó que algún plaguicida (posiblemente malathion) vertido en el río había provocado las muertes de los peces.

“Esperamos volver a pescar y poder bañarnos”, se refirió Hun al abrazar a una de sus tres hijas.

Kenneth Monzón

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Esta es una de las 17 comunidades que están afectadas por la contaminación. Las autoridades explican que son cinco mil 600 familias afectadas. “Hasta ahora hemos constatado la muerte y contaminación en 70 kilómetros aunque es más de 100”, explicó Rafael Ceballos, director regional del Consejo Nacional para Áreas Protegidas (Conap).

En Sayaxché los habitantes solo hablan de la contaminación. Los pescadores realizan la limpieza de las aguas y recorren el río recolectando los peces muertos que son enterrados lejos del caudal.

Es triste, nosotros vivimos del río”, declaró la señora María Elena Teperia, de 60 años, mientras limpiaba un costal con papas en una corriente cerca del río que “aún está limpia”.

Kenneth Monzón

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