A sus 72 años, don Fernando mantiene la tradición que heredó de su madre cuando hacían nacimiento hace mucho tiempo y, en el que nos cuenta, utilizaban ocote para encender las casitas por dentro.  

Hoy, el gran nacimiento cuenta con decenas de estaciones que le ha agregado durante años. Nos cuenta que algunas las ha comprado y adaptado a la gran maqueta y otras, le ha tocado construirlas, como el famoso Palo Volador.

Pero lo increíble de esta representación, además del tamaño, son los detalles. Cuenta con un puerto, una plaza con una fuente en la que corre agua gracias a una pequeña y bien adaptada bomba eléctrica, un parque de diversiones con rueda de Chicago y sillas voladoras y mucho más.

Tambíen se pueden apreciar unas personitas haciendo un churrasco, otros recién casados saliendo de una pequeña réplica de la Catedral Metropolitana. En el horizonte se puede ver un hospital y un aeropuerto con pista de aterrizaje hecha de lija negra y con un radar que gira.

"Todo esto es una villa navideña si no fuera por el nacimiento y el niño Jesús", agraga don Fernando mientras nos comparte cómo lo elaboró y logró colocar a los tres reyes magos alrededor.

Según nos cuenta, le tomó 25 días armar las tarimas, colocar el sistema eléctrico debajo de ellas, hacer que todo funciones con un solo interruptor y armar cada casita y estructura en su lugar. Casi el mismo tiempo que le tomará guardarlo una vez termine la temporada navideña y le dedique tiempo a almacenar cada una de ellas en su caja original, claro, luego de etiquetarlo para la próxima Navidad.

Antes de que termináramos de hablar, le pregunté qué es lo que espera del nacimiento. Le tomó unos segundos responder y concluyó la charla con esta frase: "Lo que quiero es que Dios me permita hacerlo cada año más grande y que sepan que está abierto para los que quieran llegar a verlo".