Todo en la vida necesita un poco de perspectiva para ser apreciado, pero desde cuatro mil metros de altura no se requiere más que de la vista para admirar la belleza natural de Guatemala en todo su esplendor.

Quien ha subido un volcán sabe que no sólo se pone a prueba la resistencia física, sino también la mental.

Soportar temperaturas bajo cero con los músculos adoloridos mientras duermes sobre piedras puede que no se oiga nada interesante para quienes no hayan experimentado aún este desafío, pero para todos aquellos que han sobrevivido a las cumbres nacionales este es el precio que se paga por una experiencia inolvidable.

Con el fin de que más personas vivan este tipo de retos, el Inguat está promoviendo este año el ascenso a los volcanes.

En el Acatenango encontrarás guías capacitados, senderos con señalización y lugares de descanso acondiciandos para que tu ascenso sea inolvidable.