En meses recientes se han popularizado todo tipo de peluches en los taxis y microbuses de Tegucigalpa, la capital de Honduras. Este es uno uno de los países más violentos del mundo.

Aunque la policía ha desmentido el rumor asociado con estos tiernos muñecos, este se ha hecho popular en el país. Según afirma la creencia, los peluches que cuelgan de la parte delantera del vehículo o guanteras de algunos taxis y microbuses son un mensaje a las pandillas en el que se les indica que, aunque el conductor no ha pagado extorsión, sí permiten que asalten a sus ocupantes.

"Yo tenía un peluche, pero lo tuve que quitar del carro porque se andaba regando el rumor de que los que llevaban peluches estaban ligados a ciertas maras", explica un taxista que lleva 22 años al volante en las calles de Tegucigalpa.

Aunque la policía insiste en que no hay motivo para creer en esos rumores, el miedo ha llevado a cambiar los hábitos de la población.

Pero a pesar del miedo que causan los peluches a la población, estos también representan las extorsiones que deben pagar muchos taxistas y conductores de transporte público a las bandas para poder operar con normalidad.

Según un informe del Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (Conadeh), en Honduras, en los últimos años, el oficio de taxista se ha convertido en una ocupación de alto riesgo para quienes la ejercen, ya que tienen que exponer su vida a cualquier hora del día, informó el portal británico “BBC Mundo”.