En una semana normal, el quiosco de Farid Abadi vende tres o cuatro copias de Charlie Hebdo. "La semana pasada, sin embargo, si hubiera tenido mil ejemplares disponibles, los habría vendido todos", me dijo el dueño del lugar situado fuera de mi apartamento en el II Distrito de París.

En eBay, algunos viejos ejemplares de la revista –los más controvertidos– se venden por 100 mil euros (117 mil dólares aproximadamente). Mientras que en los quioscos, Charlie Hebdo cuesta tres euros (casi cuatro dólares). Para asegurarme de conseguir uno de los sesenta ejemplares almacenados por Abadi, lo visité el martes. Dijo que teniendo en cuenta la demanda, sería difícil para él guardarme uno, pero prometió "tratar".

Afortunadamente, mantuvo su palabra. A las 7:30 de la mañana, hora en la que por lo general todavía estoy durmiendo, me vendió su última copia. Los otros 59 se habían vendido en menos de diez minutos.

En Twitter, hay gente diciendo que han estado haciendo cola en los quioscos de todo París por más de una hora para asegurarse de obtener un Charlie, y veo a muchos quejándose de que no pueden encontrar una copia en ningún lado. Nunca antes había oído hablar que algo remotamente similar a esto ocurriera en Francia. En todo el país, los generalmente tranquilos quioscos están siendo inundados con la pregunta: "¿Tienes un Charlie?".

Para aquellos que no pudieron obtener una copia, Abadi sigue siendo positivo: "¡Voy a tener más mañana!". Este número de serie (1178) tendrá una tirada de cinco millones de copias, ochenta veces su cifra habitual. A las 10 am, las copias disponibles en todo el país han sido oficialmente vendidas.

El lunes pasado, todos los medios franceses ya tenían la portada de la última edición, cuando el diario Libération, que ofreció espacio de trabajo para el equipo de redacción restante de Charlie Hebdo tras los asesinatos de 12 dibujantes, periodistas y policías por parte de los extremistas Chérif y Saïd Kouachi, lanzó su ilustración en Twitter. Muestra a un profeta Mahoma llorando sobre un fondo verde con un cartel que dice Je Suis Charlie.

Por encima de él, el título de Tout est pardonné (Todo está perdonado) se refiere directamente a los trágicos acontecimientos en los que algunos de los dibujantes más famosos de la revista fueron abatidos a tiros.

En Francia, a pesar de los riesgos evidentes, casi todos los canales de televisión, periódicos o páginas web han publicado la controversial imagen. "No es la primera plana que el mundo quería que nosotros hiciéramos, pero es la portada que queríamos hacer", dijo Luz, la dibujante de la portada, durante una emotiva rueda de prensa celebrada el martes en Libération.

"Soy Charlie, soy policía, soy un Judío, soy un musulmán, y también soy un ateo", insistió. Y, ¿qué trae para leer esta edición de 16 páginas? Algunos dibujos nunca antes publicados por los fallecidos Tignous, Cabu, Wolinski, Honoré y Charb, junto con algunas nuevas caricaturas sobre los ataques de la semana pasada hechos por los otros contribuyentes.

Y al igual a cada edición "normal", esta "edición de sobrevivientes" de Charlie está llena de impertinencia, burlas colegialas, valentía, irreverencia y lo no convencional. También hay algunas historias muy interesantes y columnas sobre los acontecimientos recientes.

En su editorial, el nuevo editor en jefe Gérard Biard, que el destino quiso que estuviera en Londres el pasado miércoles en el momento del ataque (buena fortuna que probablemente le salvó la vida), rinde homenaje a todas las víctimas.

Pero lo más importante, exige la fuerte defensa de la laicidad (separación de la iglesia y del estado), el elemento esencial para que una democracia pueda preservar los derechos inalienables de "liberté, égalité, fraternité" (libertad, igualdad, fraternidad). Para mí, como para la mayoría de los franceses, no existe eso de "ir demasiado lejos" cuando se trata de la libertad de expresión, excepto, por supuesto, los prejuicios ya sean raciales, culturales, religiosos o de la forma que sean. A pesar de estar teñida por la tragedia, la edición de hoy sigue siendo un bastión de la libertad de expresión. En efecto, el espíritu satírico de Charlie está definitivamente vivo.