P&R
"¿Somos culpables de una obsesión enfermiza?"

¿Cuáles son los mayores mitos en torno a la salud y la seguridad?

¿Por dónde empezamos? No hay absolutamente nada en la ley de salud y seguridad que diga que los niños necesitan jugar con un yoyo con lentes de protección, los estudiantes graduados no puedan tirar sus birretes al aire, o que las cestas colgantes están prohibidas porque la gente puede golpear sus cabezas en ellos. En el Reino Unido, la Dirección de Salud y Seguridad ha puesto en marcha un Grupo de Desafío al Mito para hacer frente a estas ridículas historias pero nuestro consejo es simple: no creas todo lo que lees acerca de la salud y la seguridad, y desafía la prohibición de una actividad si crees que las excusas de salud y seguridad son infundadas.  

¿Tenemos miedo de dejar que la gente utilice su sentido común?

La buena salud y la seguridad se tratan de la proporcionalidad, de estar informado y de aplicar el sentido común. La verdadera salud y la seguridad permite a las personas hacer cosas y seguir adelante con sus vidas, manteniéndolos seguros y saludables en el proceso. El Reino Unido tiene un sistema de salud y seguridad basado en el riesgo que es muy respetado en todo el mundo. El problema es la mala interpretación o el etiquetar erróneamente decisiones exageradas como ridículas.

¿Existe la posibilidad de que la salud y la seguridad se puedan añadir al plan de estudios?

El IOSH cree que los jóvenes deben ser capaces de aprovechar todas las oportunidades positivas que se les ofrece y aprender a desenvolverse sensatamente con los nuevos retos de la sociedad moderna. Es por ello que creemos que ayudarles a ser conscientes de los riesgos, y no a tener aversión al riesgo, les entregará valiosas habilidades. La formación profesional y el aprendizaje son oportunidades ideales para hacer las cosas bien desde el principio, mediante la incorporación de los mensajes de salud y seguridad pertinentes al armar estos cursos. Abogamos por la incorporación de la salud y la seguridad con sentido en los currículos nacionales, vocacionales y profesionales, para ayudar a crear una "sociedad inteligente del riesgo", para que la fuerza de trabajo de mañana entienda los beneficios de la gestión de riesgos proporcionales. Los niños necesitan experimentar el mundo real y divertirse. Es importante para una vida sana. Necesitan experimentar riesgos, incluso si esto significa que sufran algunos cortes y contusiones en el camino, para obtener una percepción de lo que es un riesgo importante y lo que es un riesgo aceptable. No queremos una generación con una vida basada en ser adverso al riesgo.

Hay pocas cosas en la vida que parecen causar tanto agravio como las normas de "salud y seguridad" que previenen los accidentes en el trabajo o en público, ya que algunas son tan extremas que rayan en lo ridículo. Todo el mundo tiene historias absurdas sobre ellas: signos de advertencia en los centros comerciales sobre un terreno resbaladizo debido a pétalos de flores caídas, muñecos de peluche marcados como un peligro de incendio o la prohibición del uso del teléfono móvil en las gasolineras.

Uno podría preguntarse ¿por qué una práctica tan menospreciada es reconocida el 28 de abril en el Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo? ¿Por qué un área diseñada para mantenernos a salvo se ha convertido en víctima de tal odio?

"En los últimos años ha habido un crecimiento en los mitos, historias que no tienen nada que ver con la salud y la seguridad real, pero sí más que ver con la aversión de responsabilidad", explica Richard Jones, director de política de la firma británica Institución de Seguridad y Salud Ocupacional (IOSH).

Jones se refiere a cuentos como el de los alumnos a los que se les prohíbe jugar con los yoyos porque uno alcanzó un joven y lo dejó inconsciente. "La salud y la seguridad ahora se han convertido en una etiqueta de gran alcance, donde se cataloga cualquier cosa como 'sobreprotectora'. Sin embargo, la salud laboral busca salvar vidas y prevenir lesiones", añade Jones.

Sin embargo, para instigar esta crisis de imagen de la industria de la seguridad, todavía hay regulaciones extrañas que merecen un montón de burla, como revela el libro "En aras de la seguridad", de Michael Hanlon y Tracey Brown.

Aquí, los autores cuentan cómo a Patrick Smith, un piloto de una línea aérea comercial de Estados Unidos, se le "impidió llevar un cuchillo de mantequilla a bordo del avión que estaba a punto de volar a través de los Estados Unidos. El hecho de señalar que pronto tendría bajo su control de un gran trozo de metal y varios miles de galones de kerosene viajando a 500 millas por hora no tuvo ningún efecto".

Mientras que es fácil despedir ciertas reglas arbitrarias, la seguridad laboral tiene como propósito salvar vidas. "Todavía tenemos estimaciones serias en términos de lesiones y enfermedades", dice Valentina Forastieri, especialista en salud laboral en la Organización Internacional del Trabajo de Ginebra, Suiza.

"La OIT estima que el número de muertes anuales por accidentes de trabajo ascienden a 2,3 millones, mientras que más de 330 millones de trabajadores sufren lesiones no mortales", dice Forastieri. La cifra humana es claramente chocante, al igual que los costes para las empresas: "Estamos perdiendo cuatro por ciento del producto interno, lo que equivale a $1.25 billones de dólares".

Para abordar esta cuestión, la OIT promueve la prevención más que la penalización de la parte culpable, una política que contrarresta la cultura "culpa y demanda" impulsada por los bufetes de abogados de lesiones personales cuyo lema es el "si no ganas, no te cobramos". "Necesitamos capacitar a las empresas para que hagan frente a los riesgos desde la base del problema. Una aproximación temprana puede evitar que los trabajadores queden gravemente enfermos", dice Forastieri.

La educación debe, en cierta medida, poner freno a los reclamos y las ideas erróneas del público, pero los riesgos laborales están en constante evolución. "El estrés, la depresión y el agotamiento son los nuevos problemas de salud y seguridad a los que necesitamos hacer frente", reconoce Forastieri.

La autoconservación humana es, por supuesto, el centro de la salud y seguridad; como dice Jones, del IOSH, "la salud y la seguridad permite a las personas a mejorar sus vidas y mantenerlos seguros y saludables en el proceso. Ciertamente no trata de papeleo sin sentido, prohibiciones absurdas o echar a perder días de deporte". Así que tal vez deberíamos considerar la salud y la seguridad como el árbitro de fútbol en el lugar de trabajo, quien se asegura de que todos juguemos bajo las reglas por el bien del propio juego. Pero, ¿a quién le gustan los árbitros?