El 19 de noviembre se cumplen dos años del inicio de los diálogos de paz entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en La Habana, periodo lleno de altibajos, crisis, impulsos, sucesos históricos y demás.

De hecho, el proceso llega a su segundo año enfrentando su crisis más grande desde que inició, luego de que el presidente Juan Manuel Santos decidiera suspender las conversaciones con la guerrilla, tras el secuestro del general Rubén Alzate Mora.

No obstante, nunca antes se había llegado tan lejos en un proceso de paz entre guerrilla y Estado.
Los acuerdos en desarrollo rural, participación política y narcotráfico son muestra de que, pese a lo desacelerado de la negociación y la crisis actual, se han dado pasos firmes para acabar con un conflicto de más de medio siglo.

No obstante, las críticas al proceso y la falta de información han provocado que la mayoría de los colombianos y el mundo aún no sepan o entiendan lo que se pacta en La Habana.
Por ello Publimetro se dio a la tarea de desmenuzar los acuerdos que se han firmado en Cuba para explicar lo que se ha logrado y cómo estos podrían transformar a Colombia.

Revolución en el campo

El acuerdo en el punto de desarrollo rural, para muchos, es el más importante de los tres firmados hasta el momento, porque acarrearía un esfuerzo sin precedentes para sacar al sector del abandono.

El trato incluye la implementación de proyectos y planes rurales para dotar al campesino colombiano de herramientas dignas para su desarrollo: salud, educación, vivienda, tecnología, vías; todo enfocado a tener una economía campesina sostenible.

También incluye un programa de protección y garantía de los derechos como trabajadores rurales, creando una instancia que vigile que ello se cumpla y que el campesino deje de ser un ciudadano de segunda, como lo es en la actualidad.

El tema también pasa por la propiedad y el aprovechamiento de las tierras, puesto que incluye sacarlas de la informalidad actual, reparar los problemas de titulación de las mismas y la creación de un Fondo de Distribución de Tierras que garantizaría, no sólo que los desplazados puedan retornar al campo, sino que se entregarían tierras de manera gratuita a campesinos de bajos recursos para que las pongan a producir con la ayuda de la inversión estatal.

Oposición sin exterminio
Para que se cumpla el acuerdo sobre participación política también demandaría esfuerzos incalculables no sólo por parte del Estado, sino de los partidos políticos, movimientos sociales y en general la sociedad civil.

Todos los colombianos tendrían que abrirle paso a una nueva forma de hacer política que garantice los derechos de la oposición.

La transformación, —si este acuerdo se cumple—, implicaría la creación de nuevos partidos (sin importar el espectro ideológico), pues se eliminaría el umbral de votos para conservar la personalidad jurídica, por lo que podrían existir sin importar cuántos votos tengan en las elecciones.

Garantizaría la existencia de movimientos sociales bajo la protección del Estado, que promovería el respeto a sus derechos y no podría reprimirlos ni censurarlos de ninguna manera.
 

Ataque al narcotráfico
“El cartel más grande del mundo”. Con esas palabras suele referirse la oposición a las FARC, una acusación que, podría decirse, no está del todo errada.

De hecho, la semana pasada se dio a conocer que este grupo guerrillero es el tercero con mayores ingresos del mundo, y que gran parte de ese dinero proviene del narcotráfico.

Por eso, el acuerdo en este tema entre la subversión y el Gobierno, en el que la primera se compromete a abandonar el tráfico de drogas, es tan importante para dar un ataque franco y directo al negocio que ha puesto a Colombia como el productor de coca más grande del mundo y que ha desatado un sinnúmero de problemáticas sociales adyacentes.