Las diferencias entre hombres y mujeres son, sin duda, múltiples y diversas. Estas podrían verse como limitantes o inconvenientes; sin embargo, no debemos dejarnos llevar por lo evidente y descubrir sus enormes ventajas. ¿Cómo podríamos complementarnos si no pensáramos, actuáramos y sintiéramos tan distinto?

En el ámbito empresarial esta diferencia también es evidente, sobre todo en la forma en la que ejercemos el liderazgo. Desde la llegada de la mujer al ámbito laboral muchas cosas cambiaron, logrando hacer evidente los diferentes estilos de liderazgo de cada sexo. El tipo de liderazgo, en mi opinión, no debería segmentarse con base en el género, sino en el estilo. ¿Cuántas mujeres líderes conocemos con las características del liderazgo masculino y viceversa? Son muchas las características que debe tener un persona para ser considerada un líder. Tomemos de referencia el libro de John C. Maxwell llamado “Las 21 cualidades indispensables de un líder”. Mencionaremos únicamente las diez primeras cualidades: carácter, carisma, compromiso, comunicación, capacidad, valentía, discernimiento, concentración, generosidad e iniciativa.

¿Será que estas cualidades son exclusivas de hombres o de mujeres? ¿Tenemos que ser necesariamente todas las mujeres iguales? ¿Estaremos realmente todos cortados con la misma tijera? Si nos damos cuenta, Maxwell no hace diferencia alguna entre las cualidades de un líder femenino a las de un líder masculino.

Diversos estudios han demostrado que tanto el hombre como la mujer tienen la misma capacidad de ejercer un liderazgo positivo y de impacto, además de ambos ser necesarios en los organigramas de las empresas. Son nuestras desigualdades las que han impactado en el crecimiento de las empresas a través de los distintos estilos de liderazgos que nos caracterizan. A pesar que segmentar los comportamientos no es el objetivo, no podemos negar que nos diferenciamos.

Generalmente hombres y mujeres piensan y actúan en forma diferente y de igual manera se diferencian en su forma de liderar. Ambos tienen tanto sus áreas de fortaleza como sus áreas de debilidad. Generalmente el líder masculino es racional, directo, serio, autónomo, exigente y práctico. Sus puntos fuertes son autocontrol, tanto de sus emociones como de sus acciones, su enfoque en resultados y su capacidad para innovar. No obstante, dejan algunas veces atrás las habilidades de empatía, escucha y organización. En él, prima lo racional antes de lo emocional.

La líder femenina, por el contrario, está más enfocada en mantener un buen clima laboral en la empresa, ejerciendo un liderazgo menos autoritario y más participativo. Por su misma naturaleza emocional, vela por mantener una buena relación con sus clientes tanto internos como externos, dejando algunas veces atrás el enfoque en resultados, el manejo del estrés y el control de emociones. Esta puede ser una visón bastante estereotipada de los estilos de liderazgo; sin embargo, como podemos ver, tenemos perfiles bastante distintos.

Fuimos dotados con distintas cualidades y características que están diseñadas para convertirse en un complemento. Este complemento es necesario en las organizaciones para lograr un equilibrio y un liderazgo integral. Nuestras diferencias son nuestra mejor arma. Fuimos creados hombre y mujer, sabiendo de antemano que nuestras diferencias se convertirían en nuestra mayor fortaleza y nuestro mejor complemento.