A pesar del llamado el sábado del jefe de Policía de Nueva York, Bill Bratton, a no protestar contra De Blasio, unas decenas entre miles de oficiales presentes le dieron la espalda a las pantallas gigantes que transmitían el discurso de De Blasio en un local funerario en Brooklyn.

De Blasio estaba rindiendo tributo al policía Wenjian Liu, de 32 años, quien fue asesinado a balazos junto a su colega Rafael Ramos, de 40 años, el 20 de diciembre cuando estaban dentro de un patrullero en Brooklyn.

La mayoría de los policías reunidos alrededor del local funerario respetaron, sin embargo, la solicitud de Bratton y la ceremonia se desarrollo sin contratiempos.

Antes del funeral de Liu se especulaba sobre la actitud que asumirían los asistentes, dado que durante los funerales de Ramos la semana pasada varios cientos de agentes también le dieron la espalda al alcalde.

El jefe policial había señalado en un memorando a los 34.000 miembros de la institución que "el funeral de un héroe es una ocasión para llorar su muerte, no para plantear quejas".

De Blasio destacó durante su homenaje "el coraje, el sacrificio y la generosidad" de Liu. "Toda la ciudad tiene hoy el corazón roto", afirmó.

"Nos lo arrebataron demasiado pronto", aseguró. Liu, quien emigró siendo niño desde China a Estados Unidos, "representó la encarnación del sueño americano", agregó.

El funeral de Liu se postergó varios días para permitir la asistencia de familiares que viajaron desde China. Algunos de ellos también hablaron este domingo durante el funeral.

Los asesinatos de los dos agentes a plena luz del día conmovieron a la mayor urbe de Estados Unidos, al tiempo que numerosos agentes policiales dirigieron su ira contra De Blasio por haber apoyado a quienes protestaron contra el racismo de la Policía y exigían una reforma de la institución.

El asesino de Liu y Ramos, Ismaaiyl Brinsley, había anunciado en redes sociales que se proponía atacar a agentes policiales en una aparente venganza por las muertes de dos jóvenes negros a manos de policías blancos.

Las protestas en todo el país por la muerte de los jóvenes negros expuso el cisma que existe entre De Blasio y la Policía de Nueva York.

Muchos policías no le perdonan que haya declarado a principios de diciembre que le había explicado a su hijo adolescente, mestizo, que debía prestar atención cuando interactuaba con la Policía.

Una reunión el martes entre el alcalde y cinco sindicatos policiales para intentar reducir la atención se saldó sin ningún avance.

Los responsables de dos de esos sindicatos acusaron a De Blasio de tener las manos manchadas de sangre tras el doble asesinato de los agentes de Nueva York.