Después de 20 años, fue su propio hijo quien limpió las lágrimas a su madre María Mancia, a quien no había visto desde que su padre lo secuestró de su casa en Rancho Cucamonga, California, Estados Unidos, en 1995.

En ese año, Valentín Hernández, tomó todas las pertenencias de su hijo Steve, que tenía apenas 18 meses de edad, incluyendo imágenes del ultrasonido y fotos familiares y huyó sin dejar rastro alguno.

Al darse cuenta, María reportó a las autoridades sobre la desaparición y desde ese entonces buscó por cielo, mar y tierra a su pequeño sin conseguir localizarlo. 

La única imagen que poseía de Steve era una foto granulada que había enviado a subía en El Salvador, quien rápidamente se la reenvió para ayudar con las pesquisas.

Las autoridades, familiares y amigos de María recibieron muchos indicios a lo largo de los años. Testigos aseguraban haberlo visto en diferentes estados del país, pero las pistas siempre resultaban falsas y las esperanzas de encontrarlo se desvanecían.

Pero el 31 de mayo la historia dio el tan anhelado para María. Los investigadores de su caso le informaron que las pruebas de ADN, realizadas a un joven que se encontraba en el estado de Puebla, al sureste de la Ciudad de México, México, habían dado positivo y su hijo había sido localizado

Fue el jueves 9 de junio cuando maría abrazó a su hijo por primera vez después de 20 años. Ambos se estrecharon en la frontera con Tijuana, a donde Steve llegó acompañado por las autoridades responsables de su caso

“De no ver nunca a su niño y volver a reunirse con él después de 21 años: fue un increíble, increíble momento", dijo Karen Cragg, uno de los especialistas de la Oficina del Fiscal de Distrito del Condado de San Bernardino. “Ella nunca se dio por vencida después de todos estos años, pero había aceptado el hecho de que tal vez nunca volvería a ver a su hijo.”

Trascendió que durante sus investigaciones, los especialistas recibieron información sobre la supuesta desaparición o muerte de Valentín en Puebla y decidieron seguir la pista. Aunque no pudieron confirmar la muerte del papá, sí lograron localizar a Steve.

"No estábamos seguros de haber encontrado a la persona adecuada", dijo Cragg. "Así que usamos un ardid y dijimos a Steve que estábamos realizando una investigación relacionada con la desaparición de su padre.”

Con el apoyo de las autoridades mexicanas, los oficiales de California lograron recolectar muestras de ADN que fueron analizadas y comparadas con el de su madre. Confirmando su identidad el 31 de mayo.

El proceso para la reunión tardó todavía unos días más, pues el pequeño Steve -ahora de 22 años- no contaba con un pasaporte estadounidense a pesar de ser ciudadano norteamericano, por lo que tuvo que obtener un permiso especial para cruzar la frontera donde finalmente abrazó a su madre y secó sus lágrimas de alegría.