Dos tercios de las horas de trabajo en el mundo, sólo ganan el 10 por ciento de los ingresos mundiales.
Ganan menos del uno por ciento de los ingresos del mundo.
Bangladesh tiene cuatro millones de trabajadores en la industria de prendas de vestir (80 por ciento son mujeres).
Dos tercios de los niños que se les niega la escuela son mujeres.
 

"¿Cómo estás? ¿Cómo estás?", canta Livia Firth como una amiga de antaño mientras me saluda en su oficina-santuario de paredes blancas en Chiswick, Londres poniente.

Aprendo rápidamente que Firth, lejos de ser una mujer alguna vez etiquetada como "sólo otra aburrida ama de casa que quiere 'meterse' en la moda de comercio justo, financiada por su súper-famoso marido", es sincera y genuina tanto sobre su trabajo y la vida familiar.

"No me importa, a mi realmente no me importa [lo que piensan los críticos]. Y si necesito a Colin para abrir una puerta, utilizo a Colin para abrir una puerta y no me importa", dice encogiéndose de hombros como desentendiendo el injustificado insulto. Ni, como auto llamada feminista y activista de la igualdad de género cuando conversó conmigo un par de días antes del Día Internacional de la Mujer, le importó ser referida como la esposa del actor Colin Firth. "Annie Lennox, quien armó el círculo (un grupo que trabaja con mujeres de los países pobres) junto a mí dijo, 'Oh Dios, Livia, me di cuenta que te describí como la esposa de Colin." Yo estaba como, '¿Y? ' puedo ser una feminista y la mujer de alguien; una no excluye a la otra", exclama con un fuerte acento italiano.

La vida cotidiana en Bangladesh

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Firth es la fundadora de Eco Age, una consultoría de sustentabilidad de marca que a través de plataformas como el Desafío Alfombra Verde anima tanto a las casas de moda y los consumidores a acercarse a la industria de la confección con un enfoque ambiental y ético. El desafío ecológico de vestimenta le da a celebridades participantes, incluyendo a Meryl Streep, Cameron Diaz y Carey Mulligan, la oportunidad de promover sus valores durante la temporada de premios.

De hecho, la alfombra roja de este año se convirtió en el foco de una causa diferente como el feminismo. La campaña de Twitter #AskHerMore, con el apoyo de celebridades de la talla de Reese Witherspoon, está argumentando a que los periodistas "hagan mejores preguntas" a las actrices y no sólo "¿Quién llevas puesto?".  Sin embargo, para Firth y su cohorte de celebridades, "el Desafío  Alfombra Verde da a la temporada de premios un propósito y la oportunidad de contar una historia poderosa".

Firth no es una embajadora de escritorio. En 2009 viajó con la caridad Oxfam a Bangladesh para averiguar acerca de las condiciones de trabajo de las mujeres en las fábricas de ropa. "Si vas a África se ve la pobreza, pero en Bangladesh, ves estas mujeres esclavizadas por nosotros", dice ella desapasionadamente antes de añadir: "Ellas son mantenidas en un círculo de pobreza." Ha pasado casi un año desde el colapso de la fábrica Rana Plaza, que mató a mil 129 personas e hirió a otras 2515, muchas de las cuales eran mujeres. Fue un desastre que vio a minoristas globales como H&M hacer una promesa de cambio, pero la llamada "Reina de la Alfombra Verde", cree que, aparte del salario digno que ha llegado a ser aproximadamente 36 dólares por día, poco ha mejorado en la forma del entorno de trabajo.

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"Me las arreglé para entrar escondida en una fábrica de ropa y cambió mi vida y mi propósito por siempre: lo que vi fueron las consecuencias que nuestros hábitos y poderes de gasto (de las mujeres de occidente) tienen sobre las mujeres en el Este y en los países en desarrollo," explica. "Trabajan entre 12 y 14 horas al día, siete días a la semana, y la mayoría de las fábricas tienen rejas en las ventanas y no hay salidas de emergencia, con guardias de seguridad armados en las puertas, para que nadie pueda entrar o salir", ríe con resignación Firth.

Por desgracia, la pérdida de vidas, en su opinión, no será suficiente para cambiar el modelo de negocio, aceptando que "no se preocupan por la ética". Firth, también conocida por su nombre de soltera Livia Giuggioli, espera que lo hagan por sus negocios debido al "agotamiento de los recursos (capital humano y la tierra), que en 10 a 15 años se acabarán. Listo, finito", sentencia.

La mujer de 45 años de edad estaba en desacuerdo con H&M el año pasado en la Cumbre de la Moda de Copenhague, donde estaba creando conciencia sobre la difícil situación de los trabajadores de la confección a manos del consumismo de la moda rápida. Cuando se le preguntó si ella usaba la marca, ella respondió: "No, no. Hoy estoy usando ropa de [diseñadora de ética] Henrietta Ludgate [ella señala a su top], pantalones viejos Joseph y las botas - no lo vas a creer, me compré estas cuando tenía 25 años".

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Palabras que deben conmover a los "Millennials", cuya última compra en una barata tienda de la calle es tan efímero en su conciencia y en su armario como un mensaje Snapchat. La diseñadora, nacida en Roma, se refiere a esta "cultura de comprar y guardar“ como "una locura", continuando con un exasperado tono maternal: "Al momento de ir y comprar algo tienes que pensar, '¿Puedo usarlo treinta veces?' Si es así, entonces cómpralo, pero te sorprenderás de cuántas veces vas a decir  'Ah, no'".

La proliferación del consumismo se extiende a las colecciones de pasarela, que se están moviendo hacia un formato sin estaciones de “comprar desde la pasarela”. Firth lo describe como "las grandes marcas de lujo están llegando a ser como los supermercados, obligados a competir con la moda rápida. Tienen que aceptar esto debido al mercado y las peticiones de los voraces consumidores que quieren todo ahora".

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Es una mentalidad de gratificación instantánea que persiste en la era de los medios sociales y significativamente un área de "enorme, enorme, enorme" preocupación para la madre de dos hijos Matteo (10), Luca (14). "Leí un artículo el otro día que me asustó mucho: decía que las niñas en este país ven el porcentaje más alto de porno porque quieren ver lo que los chicos esperan de ellas", dice con seriedad. Con la mayoría de los jóvenes siendo dueños ahora de un teléfono inteligente con acceso a Internet, sin control y con contenido sexual explícito, ahora los padres tienen un control muy limitado sobre las imágenes a las que sus hijos están expuestos.

"Obviamente lo que se ve en el porno de hoy en comparación con lo que teníamos cuando éramos niños... es repugnante y ellas creen que esto es lo que esperan los chicos", dice ella. Por supuesto, los Firth, como los padres de todo el mundo, tienen que sentarse a la incómoda conversación acerca de "los pájaros y las abejas": Trato como mamá italiana de asegurarme de que mis hijos sean amables y corteses con las chicas", dice como una verdadera matriarca. Pero, ¿es una conversación tan difícil en el hogar de una celebridad? "Para mí... no, no. Para ellos, sí [risas]. Dicen como 'Oh mamá! ", imitando el reproche. "Lo digo como es". Y sí lo hace.