Diego José Nájera es un chef guatemalteco que reside en la ciudad de Daule, a más de 40 kilómetros de Guayaquil, la segunda metrópoli más importante de Ecuador y uno de los lugares en que fue más sensible el terremoto del sábado de 7.8 grados en la escala de Richter.

Nájera, quien está casado con una Alejandra Cardona, una ecuatoriana que se especializó en biología marina, llegó a Ecuador el 1 de febrero para continuar sus estudios de gastronomía.

“Guayaquil no es muy distinto a Ciudad de Guatemala, pero hay diferencias fundamentales, como la organización, todo es muy organizado”, explica Nájera, una característica de la ciudad que contrasta con el caos que provocó el sismo del sábado.

“No me esperaba esta bienvenida”, explicó entre risas el “sous chef” (segundo en jerarquía, después de un “head chef”).

“Estábamos viendo una película cuando comenzó a temblar. El temblor aumentaba en intensidad, cada vez más. Me preguntaba si debía levantarme o no. Así estuvo durante 20 o 25 segundos. Después de haber logrado salir de la casa, solo nos preocupamos por tomar a los perros. Cuando salí a la calle miraba cómo los carros se movían como gelatina”, contó Nájera.

AFP

Foto:

Las cifras oficiales dan cuenta de 480 muertos, más de dos mil 560 heridos y mil 700 desaparecidos. “Las escenas eran terribles. Sentía que el garaje se desplomaba y los carros se sacudían demasiado”, pese a que en la zona en que vive Nájera no fue la más afectada.

El peor terremoto en 40 años en la historia de Ecuador ha provocado ya más de 200 réplicas, “la gente aquí está muy afectada, por ejemplo, un conductor de taxi me contaba hoy que seis de sus amigos murieron por culpa del sismo. Un familiar de mi esposa se quedó sin casa”, explicó. “Además, hay una gran cantidad de personas que están comprando víveres, quizá por temor a las réplicas y también ha habido algunas que lo han hecho para hacer donativos”, añadió Nájera.

Una de las peores situaciones que se le pueden presentar a un extranjero mientras sobreviene una catástrofre es la dificultad de comunicarse con sus familiares. “La señal telefónica estaba estropeada, igual que la electricidad, por fortuna el internet funcionaba, y pudimos contactar con nuestra familia en Guatemala por medio de WhatsApp”.