La trama supera cualquier guión de la saga "Bourne" o de la serie "House of Cards": un fiscal federal llamado Alberto Nisman decide imputar a la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner (CFK) por presunto encubrimiento a terroristas iraníes sindicados de perpetrar el atentado contra la Mutual Judía (AMIA) en 1994. El día anterior a su presentación ante el Congreso, aparece muerto en el baño de su lujoso departamento en Buenos Aires. Nadie ha visto nada: ni custodios, ni vecinos. 

En medio de la confusión nacional, la presidenta desliza un posible suicidio. La ex esposa del fiscal, la jueza Sandra Arroyo Salgado, rechaza esa hipótesis. La cercanía de Nisman con los servicios de inteligencia y el ex agente Jaime Stiuso, principales informantes en la causa, abonan a favor de la otra opción: un homicidio inducido. La presidenta Fernández, entonces, cambia de versión: habla de asesinato. Las teorías conspirativas fluyen: algunos creen que CFK ordenó su muerte; otros, que Nisman fue víctima de poderes transnacionales deseosos de ver sucumbir a un gobierno populista.

A solo ocho meses para las elecciones presidenciales en Argentina, todo es más incierto que nunca. El gobierno kirchnerista afronta una de las mayores crisis de credibilidad en sus casi 12 años en el poder. Para el periodista Jorge Lanata esto solo permite avizorar un cambio.

Desde fuera, pareciera que en Argentina ya todo es posible.

–El gobierno aún no es conciente de la repercusión internacional del caso Nisman. Lo que se conoce en el exterior es que hubo un fiscal que denunció a la presidenta y apareció muerto. Dicho de una manera simple, llana y medio brutal. Entonces es lógico, la gente piensa: lo mataron. 

A la luz de las pruebas, ¿hay elementos para pensar que lo mataron? 

–Realmente no hay todavía elementos para pensar eso, aun cuando hay muchas cosas que no cierran. Pero parece verosímil el hecho de que Nisman haya sido víctima de una interna del Servicio de Inteligencia (SI), y que lo hayan hecho para perjudicar al gobierno, no que lo haya hecho el gobierno. Hay una responsabilidad indirecta del gobierno, porque maneja los SI. Entonces, en cualquier caso, es responsabilidad política de Cristina. 

Más allá de la investigación, la impresión general es otra...

–Hoy como están las cosas, así apareciera un video de Nisman matándose, la gente creería que el video está armado. Todos están completamente convencidos de que lo mataron.

¿A qué se enfrentará el gobierno de aquí en adelante?

–A una marcha que va a ser multitudinaria el miércoles 18 (La Marcha del Silencio convocada por los fiscales en homenaje a Nisman). Seguro va a ser como fueron los cacerolazos: una marcha de un millón de personas. Y el gobierno lo vive con razón como una marcha opositora.

¿Cómo manejó el gobierno esta situación política?

–Empeoró esta situación desde que empezó: primero con declaraciones ambiguas, ahora peleándose con la marcha. Eso lo pone en una posición muy contradictoria. Si, por un lado, el propio gobierno dice que a Nisman lo mataron, ¿por qué no ir a un a marcha pidiendo esclarecimiento? El gobierno cayó en una trampa que se tendieron ellos mismos. 

¿La estrategia de Cristina fue victimizarse?

–Sí, se victimizó. Ella no hablaba hacía mucho tiempo, y cuando reapareció, en mensaje a la nación, lo hizo en silla de ruedas, algo innecesario para un esguince en el tobillo. Pero era una manera de dar un mensaje. Y de hecho ella dijo: este es un muerto que me plantaron a mí. O sea, Cristina le quitó protagonismo al muerto.

¿El caso Nisman es capaz de terminar de cerrar un ciclo en Argentina?

–Yo creo que está empezando el final del kirchnerismo. Y que nos vamos a ir enterando de muchas cosas que en los años anteriores no trascendieron, o trascendieron parcialmente. Vamos a averiguar mucho más de la Ruta del Dinero K (enriquecimiento de empresarios amigos de la pareja presidencial), de los emprendimientos hoteleros de Cristina... 

¿Cuánto influirá la muerte del fiscal en año electoral?

–Esto le ha bajado mucho la popularidad a Cristina (nota de redacción: de 33% en diciembre pasó a 29.1% a fines de enero; el rechazo a CFK superó los 50 puntos, 11 más que el mes anterior, según la consultora González y Valladares). No sé si esto va a sobrevivir como tema hasta las elecciones, porque son aún en octubre y las PASO (primarias) a mediados de año. Depende de cómo esto se resuelva, pero está impactando hoy, y para el gobierno significa un desgaste grande.

¿Estás convencido que habrá un cambio político en estas elecciones?

–Espero que lo haya. Como están hoy las cosas, la elección se puede definir entre (Daniel) Scioli (actual gobernador de la provincia de Buenos Aires y posible candidato oficialista) y (Mauricio) Macri (intendente de Capital Federal y líder del partido opositor PRO). 

¿Toda la oposición sigue sin juntar un balde de excremento, de lo inexistente que es? ¿Sostienes aún esa frase?

–Sí, porque no tienen iniciativa política. El gobierno es muy audaz, y cuanto más arrinconado está, más dobla la apuesta, mientras la oposición está como espectadora. Ojalá esta marcha del 18 les permita retomar el protagonismo a los opositores, pero así no van a ganar una elección. No hay ninguno que reúna más del 20%. A lo mejor en ballotage pueden juntar el 40%, pero no en primera vuelta. Así, en primera vuelta ganaría Scioli. 

¿Cual crees que va a ser el futuro político de Cristina?

–Va a querer consolidar el kirchernismo. Para ella será más importante lograr sobrevivir en la oposición que querer manejar el país de vuelta. Me parece que va a replegarse y se va a transformar en una líder muy activa de la oposición.

Volviendo al caso Nisman, ¿qué tanto opaca al fiscal su relación con el cuestionado ex espía Stiuso?

–Toda la justicia federal desde (el ex presidente Carlos) Menem en adelante estuvo influida por los Servicios de Inteligencia. En muchos casos corrompida. Yo tenía grandes diferencias con Nisman respecto a la investigación del atentado porque yo trabajé en el caso, y para mí la pista conduce más a Siria que a Irán. Pero eso es una cosa y el delito que Nisman denuncia en este caso puntual es otro. Nisman lo que denuncia, más allá de que Irán haya sido o no el responsable, es que hubo un acuerdo entre el gobierno argentino y el iraní, a través de una embajada paralela, para deslindar la responsabilidad de Irán. Ese es un delito independiente. 

¿Cuánto de las escuchas telefónicas puede ser alardeo de funcionarios menores del gobierno y cuánto material suficiente para involucrar a la presidenta?

–Habrá que ver. Lo que hay es mínimo. Habrá que ver también si se le puede involucrar a la presidenta. El fiscal no sentencia; el fiscal hace una acusación. Es el juez el que después tiene que investigar. Pero no se puede hacer lo que hizo el gobierno: ignorar por completo las pruebas. Decir, no hay nada. No es no hay nada, ¡sí hay!

¿Cómo creerle ahora a un Nisman que fue direccionado por Estados Unidos para acusar a los iraníes?

–Habrá que ver las pruebas y el expediente. El gobierno lo que ha dicho es que las intervenciones telefónicas no sirven como prueba. En cualquier caso, dan indicios. Es el comienzo de una investigación, no el final. Veamos qué consiguió Nisman. Escuchemos las 96 horas restantes y a partir de ahí tengamos una conclusión.