Se estima que la muerte de las 71 personas cuyos cuerpos fueron hallados la semana pasada en una carretera entre Viena y Hungría fue causada por contrabandistas.

Sin embargo, también se culpa al mal funcionamiento del sistema para refugiados en Europa, que obligan a los inmigrantes a solicitar ayuda de los traficantes de personas.

Hungría se ha vuelto el ejemplo perfecto de esta situación, ya que las autoridades no han podido controlar a los contrabandistas y el ingreso de refugiados que intentan que llegan a Europa huyendo de la guerra de Siria e Irak.

La solución que hasta al momento ha propuesto Hungría fue la construcción de una valla de alambre que mide 175 kilómetros (109 millas), alrededor de la frontera sur.

Por su parte, el primer ministro de Hungría, Viktor Orban, ha decidido tener una postura anti-migrante, por lo que conseguir asilo en el país es más complicado.

Críticos aseguran que estas medidas han conseguido que todas las personas que buscan asilo contacten con traficantes para lograr su objetivo, informó el periódico estadounidense “The Washington Post”.