Los fantasmas están con nosotros, para que todos lo vean. Todo lo que necesitamos hacer es mirar con cuidado.

Hubieron personas, muchas de ellas que murieron hace tiempo, que construyeron estructuras donde pudieron trabajar, vivir o jugar. Y luego se trasladaron a otros lugares, nuevos lugares. A veces, la bola de demolición ha conseguido borrar todo vestigio del pasado, pero a menudo dichas estructuras han conseguido mantenerse en pie, creciendo majestuosamente en su decrepitud.

Y así, la arena reclama una casa abandonada en Sudáfrica. Un cobertizo en Australia que sólo ha sido visitado por vándalos, aún mantiene tranvías que no han viajado en más de medio siglo. Una silla de barbero descansa en medio de las ruinas de una prisión de Filadelfia. Las chozas de Quonset en Filipinas, a largo abandonados por los marines estadounidenses, se disuelven en el esplendor apocalíptico.

"El tiempo desmorona cosas", dijo Aristóteles; y hay una belleza terrible en eso.

AP.