Miles de brasileños salieron hoy a las calles en unas 65 ciudades de todo el país para protestar contra la presidenta Dilma Rousseff y, en muchos casos, para pedir su salida del gobierno.

Según estimaciones de la policía militarizada, en Brasilia unas 25 mil personas se habían reunido en la Explanada de los Ministerios en el horario de la mañana.

En tanto, en Belo Horizonte y Río de Janeiro la policía calculó la presencia de unas 24 mil personas, respectivamente. Las manifestaciones coinciden con la conmemoración de los 30 años de restitución de la democracia en el país, tras una dictadura militar que se prolongó durante 21 años.

Los actos fueron coordinados a través de las redes sociales y convocados, principalmente, por tres grupos que se autodefinen como apartidarios: Revoltados Online, Movimento Brasil Libre (MBL) y Vem Pra Rua (VPR).

Los dos primeros defienden la destitución inmediata de la gobernante del Partido de los Trabajadores (PT), mientras que el MBL considera que no es el momento "por ahora" de iniciar un juicio político en su contra.

No obstante, entre los manifestantes, la frase "Fuera Dilma" es la más citada en los carteles, pancartas y camisetas que dan color a los actos.

En al menos dos ciudades, Belo Horizonte y Río de Janeiro, pequeños grupos participaron en las marchas pidiendo la intervención de los militares y el regreso de la dictadura para "Salvar a Brasil".

Además de esas dos capitales provinciales, hay protestas en Sao Paulo, Brasilia, Fortaleza, Recife y Porto Alegre, entre otras.

En Sao Paulo, ciudad en la que suelen realizarse las protestas más multitudinarias, antes del mediodía local ya había unas cuatro mil personas concentradas en el centro de la metrópolis, según estimó la policía.

En Río de Janeiro, cientos de personas se concentraron en la mítica playa de Copacabana, vistiendo camisetas con los colores de la bandera de Brasil -verde y amarillo- y gritando consignas favorables a la caída de Rousseff.

El rechazo a la mandataria, que conquistó su segundo mandato en las urnas de octubre pasado al imponerse por un mínimo margen de ventaja al socialdemócrata Aécio Neves, se basa, principalmente, en la crisis económica y el escándalo de corrupción en la estatal Petrobras, en el cual estarían implicados decenas de politicos y partidos oficialistas.

Los actos de hoy fueron apoyados por la fuerza política de Neves, el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), y otros partidos opositores, los cuales, salvo uno, se distanciaron de los pedidos de destitución de Rousseff.

Además de estas manifestaciones simultáneas en todo el país, la presidenta enfrentó el domingo pasado una expresión de repudio poco frecuente en Brasil: un "cacerolazo", acompañado de bocinazos, abucheos y tintinear de luces de vehículos y residencias, mientras hablaba en cadena de radio y televisión.

Los organizadores esperan que a lo largo de la jornada de hoy más de un millón de personas tomen las calles en todo el país.