Mito: Son traicioneros.  Si alguna vez acariciaste a un gato y éste te arañó, no es porque sea “malo”. Los mininos tienen unas células que hacen que su piel sea de cuatro a 25 veces más sensible que de un humano. Puedes acariciarlo en su cuello o detrás de sus orejas y antes de tocarlo, extiende tu mano para que pueda olerte.

Verdad:  No te enferman.  Sobre los gatos penden males de las cuales no son responsables. Una de ellas es la toxoplasmosis, enfermedad parasitaria de la cual los gatos son hospederos; pero, no te infectas por tocar su pelaje, aunque podrías enfermar por contaminación fecal, por comer frutas y verduras sin lavar o por consumir carne cruda o semicocida. 

Mito: Son ruidosos.  El llanto de los gatos por las noches no es porque sean diabólicos; esto se debe al celo de los felinos; durante este periodo tanto hembras como machos emiten sonidos para encontrarse. Claudia Edwards, MVZ de la UNAM, explicó que al esterilizarlos se evita este ruido, además de que los machos dejen de marcar su territorio.

Verdad: Dales su espacio .  Como cualquier especie, un gato necesita de sus juguetes, arenero y su propio espacio. “Puede ser una repisa en donde vea hacia la ventana o le llegue el sol, que tenga una especie de textura de alfombra, el gato preferirá estar echado ahí y arañar en ese lugar”, dijo Edwards. 

Cómo cuidar a un minino

De preferencia debe estar en casa, ya que si lo dejas en la calle, corre el riesgo de ser atropellado o lastimado. Ten siempre disponible un plato de comida, ya que, se calcula que un gato come entre 10 y 20 veces al día. “El plato de agua no debe estar cerca del traste de comida para que no se vuelvan tragones”, dijo Edwards.