En su primer acto oficial como presidente de la Real Academia Española (RAE) en América, el filólogo español Darío Villanueva presentó la vigésimo tercera edición del “Diccionario de la lengua española”, en Puerto Rico, y habló con Publinews Internacional sobre cómo influyó Hispanoamérica en su elaboración, qué país domina mejor el idioma y si prevé que el español ocupe el lugar que tiene hoy el inglés.

Este año, la Real Academia Española ha hecho hincapié en que el nombre oficial de la obra es Diccionario de la lengua española (DILE) y no Diccionario de la Real Academia Española (DRAE). ¿Por qué?

El diccionario siempre se ha llamado Diccionario de la lengua española. Lo que pasa es que comúnmente se ha dado a conocer como el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE). Sin embargo, nosotros queremos que se le llame por su acrónimo oficial DILE y no DRAE. 

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¿Cómo influyó la política de inclusión de América en la elaboración de esta edición del DILE?

La primera obra de la que podemos sentirnos satisfechos en esa línea es la “Nueva gramática de la lengua española”. Es la primera obra que obedece a ese principio de la norma policéntrica del español. En el caso del diccionario, la aplicación de ese principio panhispánico se ha centrado sobre todo en el aprovechamiento del “Diccionario de americanismos” para elaborar el “Diccionario de la lengua española”. Ahora hemos revisado la edición y hemos aprovechado el “Diccionario de americanismos” para enriquecer el repertorio de las palabras americanas.

¿Cómo la RAE identificó y seleccionó las palabras nuevas incorporadas en el DILE?

El Corpus del Español (Corpes) es la base de datos que nos dice exactamente cuáles son esos neologismos, dónde se usan, con qué intensidad, con qué significados y cuándo irrumpieron. Luego, estas palabras se someten a evaluación y consenso de todas las academias. Es decir, que toda selección se emite a América y a Filipinas para su visto bueno.

¿Qué palabras caribeñas y americanas incluidas en esta última edición le llamaron la atención?

Yo soy muy aficionado al deporte, y lo que me ha llamado más la atención son las palabras caribeñas relacionadas con el beisbol, que es un juego que en España se practica muy poco. Como a mí me gusta mucho el deporte, todo lo que tiene que ver con este me ha interesado mucho. Por otro lado, hay algunas que provienen de América que su incorporación ha sido muy interesante, como, por ejemplo, “amigovio”, que es esa relación entre “amigo” y “novio”.

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¿Cómo compara el español de América con el español de España? ¿Son muy distintos?

No. Yo soy un continuo defensor de algo que es una realidad, que es la profunda unidad de la lengua española. El español es una lengua muy unitaria. Esto no significa que sea una lengua uniforme. Es decir, la unidad no significa uniformidad. Evidentemente, hay acentos distintos. Pero el acento y las palabras específicas de cada país no impiden que nos podamos entender perfectamente. Ese es un valor que hay que destacar. Se tiende a decir que hay una dispersión enorme, y no es verdad. 

A su juicio, ¿qué país hispanohablante posee mejor dominio del español?

Bueno, esa es una pregunta que no tiene respuesta. Si lo hiciera, con toda certeza estaría cometiendo una equivocación, porque no se puede definir el uso de un idioma en el nivel general de un país. Lo importante es que, siendo yo español y director de la RAE, se sepa que nosotros, al igual que rechazamos que hablemos mal, también rechazamos que nosotros seamos los que hablamos el mejor español. 

¿Qué opina del español que se emplea en los mensajes de texto (sms) y las redes sociales?

Eso no es una lengua. Es simplemente un código específico, es decir, la manera en que se representa una lengua. Se caracteriza porque hay que economizar y, en consecuencia, se recurre mucho a las abreviaturas. Eso ha existido siempre. Los manuscritos medievales estaban llenos de abreviaturas. Sin embargo, eso no destruyó la coherencia de la lengua ni mucho menos. Yo no soy nada apocalíptico en relación con eso. La clave siempre está en la educación. 

Además de la educación, ¿tienen los medios de comunicación algún tipo de influencia en el uso que hacen los hablantes de su lengua?

Si hubiera que graduar hoy en día la influencia de la educación y los medios, casi habría que pensar que los medios de comunicación tienen más importancia que la educación, porque la educación es una etapa que tiene un fin. En cambio, la comunicación no. Los periodistas son corresponsables de que la lengua se use de manera digna.

Actualmente el español ocupa el tercer lugar en el mundo por el número total de hablantes y el segundo lugar en internet. ¿Cree que algún día pueda desplazar al inglés?

A veces digo que el inglés ganó la Segunda Guerra Mundial. Es decir, el inglés es la lengua franca por la guerra. Antes la lengua de la ciencia no era el inglés, sino el alemán. La lengua de la diplomacia era el francés. Hay caminos muy diversos para ocupar el lugar de prominencia, pero la clave está, por una parte, en la cuestión demográfica. Y ahí nosotros estamos avanzando mucho. Por otro lado, está la influencia que la lengua tenga. Es decir, influencia económica, política y cultural. Nosotros, sin duda, tenemos la influencia cultural. Quizás podemos crecer mucho en la influencia económica y en la política.

¿En qué consiste el proceso de incorporar nuevas palabras o neologismos al diccionario?

El Corpes es un instrumento fundamental. Es el que nos dice exactamente dónde se usan esas palabras, con qué intensidad, con qué significados, cuándo pudieron irrumpir, y, lo contrario, cuándo comenzaron a perder fuerza y a desaparecer. Luego, el otro gran instrumento es que todas las decisiones que se toman se someten a consenso de todas las academias. Es decir, que todo el trabajo que se hace se va emitiendo a América y a Filipinas para tener las respuestas y visto bueno de estas.

¿Cada cuánto tiempo se publica una nueva edición del diccionario?

Si contamos desde la primera, que data de 1780, hasta ahora, eso quiere decir que en 234 años hemos hecho 23 ediciones. La media es más o menos una edición cada diez años.