Pasa el mediodía cuando entro al Santuario de la Virgen de la Caridad en el sector de La Habana Vieja.

Me detengo en una esquina para no interrumpir a las mujeres que se arrodillan en el reclinatorio frente al monumento que guarda la imagen de la patrona de Cuba, la que todos -creyentes y no creyentes- quieren. 

Es una imagen hermosa. La virgen mambisa viste un traje de oro y una corona de estrellas. A sus pies hay decenas de ramos hechos de girasoles amarillos. Ese es el color de la virgen. Los parroquianos se encargan de que nunca le falten las flores. Es un ritual que se repite. Entregan el ramo a Josué, el muchacho funge como uno de los administradores del templo. Después, encienden una vela y fijan su mirada en la imagen de la Caridad. 

Josué se pasa el día en esas, organizando los ramos, entregando velas, cuidando que no se estropee el piso del templo. También atiende el mostrador que contiene estampas de la virgen, rosarios y otros artículos religiosos. 

Una mujer observa las estampas, elige una. Le da un peso cubano a Josué y le dice: "dame una de Oshun". Es el nombre que el sincretismo cubano le ha dado a la imagen de la Caridad del Cobre. Josué le responde: "quieres una de la Virgen de la Caridad". Es su aclaración, no puede prestarse a confusión, dice. "Siempre estamos rectificando, porque no es lo mismo", insiste.

Lo que ocurre todos los días en esta basílica menor no es un fenómeno nuevo en la sociedad cubana. Es una práctica que mezcla la tradición religiosa católica con las costumbres que trajeron los esclavos africanos en tiempos de la conquista española, explica el párroco Ariel Suárez.

"El sincretismo tiene su fuente en una mala evangelización de los primeros cristianos aquí. Traían a Cristo y a la vez esclavizaban a los negros. Era una contradicción", analiza Suárez. Una contradicción que se convirtió en costumbre y tradición, hasta estos tiempos.

Por eso, aún cuando no practiquen la religión cristiana, piden el bautismo y reclaman la bendición del sacerdote. El padre Ariel puede encontrarse "trabajos" a las afueras del templo, porque confían que "sus maldiciones se destruyen a los pies de la iglesia", dice. "También hay piedad popular. Vienen por amor a la virgen, porque es la patrona de Cuba". 

En esa realidad diaria, el padre Ariel asegura que hay espacio para evangelizar. No existe indiferencia hacia lo espiritual. "Hay búsqueda. Habrá confusiones y mezclas, pero hay búsqueda", asegura Suárez.

Marca la 1:00 de la tarde. Voy de salida. Otra mujer entrega flores amarillas, le da un peso a Josué y enciende una vela en honor a la mambisa.