Frente al Panteón de París no es usual encontrarse un hielo derretido. Aún al final del otoño, donde ya puede sentirse el helado invierno por venir.

No es usual pero pasa. En pleno centro del Barrio Latino de la capital francesa hay 12 pedazos de icerberg derritiéndose. Pronto no quedará más que un charco de agua que antes fue polar. Ahí, justo en frente de donde reposan los restos de Voltaire, Rousseau y Victor Hugo, los hielos gigantes están puestos en círculo, y vistos desde el cielo parecen un reloj: no es gratis este parecido. Simbolizan el tiempo que corre, el hielo que se derrite, el planeta que se calienta.

La idea de esta inusual obra de arte es de un danés llamado Olafur Eliasson,
quien decidió llamar la atención sobre la urgencia de frenar el calentamiento global. El turista desprevenido que ve los hielos entiende que quieren decir algo, que no pertenecen a este lugar, que tampoco cayeron del cielo y decide preguntar un poco, tal vez tomar un par de fotografías.

Obtiene respuestas. Esta obra se llama Ice Watch, o reloj de hielo. Y quiere hacer un llamado de alerta sobre el calentamiento global, en el marco de la Cumbre de Cambio Climático que tiene lugar en la ciudad, COP21.

El deshielo en el planeta tendrá efectos catastróficos sobre los polos. El deshielo aumentará el nivel del mar y con ello hasta países enteros podrían desaparecer (islas, ciudades costeras).

Si los países no toman decisiones urgentes y la sociedad civil no presiona por acuerdos serios, vinculantes y que transformen el actual curso de la historia, este deshielo podría dejar de ser un simple llamado artístico y convertirse en una descongelada realidad.