Cuando los socialistas, los comunistas y el bloque de izquierda se unieron para gobernar, pocos creían que esta alianza pudiera durar, pero un año después, la coalición sigue en pie.

Pese a su derrota en las elecciones legislativas de octubre de 2015 frente a la derecha, que ganó los comicios, el Partido Socialista logró formar un gobierno gracias al apoyo inédito de la izquierda radical.

"Tres meses antes de las elecciones, seguíamos siendo los peores adversarios. Ahora confiamos en llegar al término de nuestro mandato en 2019", asegura la secretaria de Estado para Europa, Margarida Marques.

No es sencillo aclarar el vínculo entre el PS y el PCP, el partido comunista más ortodoxo de Europa.

"Tras la Revolución de los Claveles en 1974, había que explicar por qué el PCP era nuestro enemigo, y ahora debemos convencer de lo contrario", dice Marques con una sonrisa.

La perspectiva de un gobierno socialista apoyado por aliados antiausteridad suscitó cierta preocupación en Europa, un año y medio después de que Portugal saliera de su plan de rescate económico internacional.

- 'Chapuza' -

"Este matrimonio contra natura entre partidos pro y antieuropeos parecía abocado al fracaso. Finalmente, la relación es estable porque los aliados del PS tuvieron que resignarse a aceptar las reglas europeas", opina el politólogo José Antonio Passos Palmeira.

Sin embargo, "nadie tuvo que tragarse un sapo", afirma el primer ministro, Antonio Costa. "El PCP no tuvo que apoyar el euro, el Bloque de Izquierda no se convirtió en defensor del tratado presupuestario, y el PS siguió siendo el portavoz de la integración europea", enumera.

El exalcalde de Lisboa demostró ser un hábil negociador, capaz de resolver la cuadratura del círculo: consiguió tranquilizar a la Comisión Europea sobre su compromiso para atajar los déficits, sin enemistarse con la izquierda radical.

Para él, no hay lugar a dudas: Portugal está mejor desde que gobierna la "geringonça" ('chapuza'), el apodo con que la derecha se refiere a la coalición de izquierdas. "El país respira tranquilidad", asegura.

En el último año, Portugal ha evitado nuevas sanciones europeas, mantenido el déficit en su nivel más bajo en más de 40 años (2,4% del PIB), situado la tasa de paro en un 10,5% y vuelto a crecer en el último trimestre (+0,8%).

El balance parece positivo, pero la deuda sigue aumentado, los tipos de interés suben, los bancos permanecen en una situación frágil y los inversores se muestran reticentes.

"Nadie quiere invertir cuando se sabe que son el Bloque de Izquierda y el PCP los que mandan en el gobierno", afirma el ex primer ministro Pedro Passos Coelho, de centroderecha.

- Sondeos favorables -

Los portugueses aún no sienten los efectos de esta débil mejoría.

"El gobierno toma medidas populistas que no solucionan los problemas, mi vida diaria no mejoró. La austeridad continúa", dice Paulo Tomé, un empleado administrativo de 37 años.

"La situación del país es mejor, pero la mía no cambió. Algunos impuestos bajan, otros aumentan. Son tasas más indoloras que afectan a los más ricos y dejan a los más pobres", dice Paulo David, un chófer privado de 42 años.

Aunque el gobierno cumplió con sus promesas electorales suprimiendo las sobretasas, también aumentó varios impuestos indirectos (alcohol, tabaco, automóvil).

Con unas intenciones de voto de entre el 37% y el 45%, el PS supera con creces al PSD, de Passos Coelho (30%), que sigue siendo impopular por los cuatro años de austeridad presupuestaria que promovió en el gobierno.

Para el politólogo Antonio Costa Pinto, la experiencia de la izquierda plural en Portugal "contribuyó a evitar el ocaso del PS, al contrario de lo que ocurrió en el resto de Europa".

Pero, "en cuanto se produzca una crisis internacional, Portugal volverá a la austeridad y a un gobierno de derechas" como en 2011, vaticina.