Hace 19 días inició 2015 y ya algunos han tirado la toalla. Proponerse dejar de fumar, hacer una vida más saludable con dietas y ejercicio se han convertido en una tónica cada principio de año, sin embargo lograr nuestras metas requiere algo más que la pura intención.

En este Blue Monday hay que recordar que no debemos confundir los propósitos con los deseos y que gran parte de ellos sólo se conseguirán cambiando nuestras actitudes durante los 365 días del año.

Ya es casi un ritual, cuando cada principio de año nos proponemos una serie de objetivos a conseguir antes de finalizarlo. Sí, me estoy refiriendo a los famosos propósitos de Año Nuevo. Aquí hay de todo: Unos se proponen encontrar pareja al fin, otros quedarse embarazados y algunos cambiar de trabajo o ascender en el que tienen.  Otro muy común es perder peso al igual que el de ganar más dinero o ascender. Pero una cosa son los propósitos, toda una declaración de intenciones  y otra cosa, es que los cumplamos.

Lo triste es que muchos se frustran al no alcanzar esos objetivos, afectando negativamente en su autoestima, llegando a sentirse derrotados ante la imposibilidad de cumplir sus propósitos.

Por otro lado, muchos confunden propósitos con deseos, el más común es “esperar que les toque la lotería”. Claramente este tipo de propósitos resulta muy difícil que se cumplan porque no dependen de uno mismo. Y ¿qué hacen en lugar de pensar: “Lo que pedí era muy improbable”? ¡No he tenido ni tan buena suerte de que me haya tocado la lotería, ni tan mala como para que me haya tocado un terremoto!”. Pues lo que hacen es un análisis sesgado, victimista y egocéntrico de la situación, lamentándose de su mala suerte, sin pararse a pensar en la cantidad de cosas positivas que les ha tocado por pura buena suerte. Como nacer sano, tener derecho a una educación o estar rodeado de  gente que quieren.

Pero hay propósitos que sí dependen de uno mismo y que generan aún más frustración cuando no se consiguen. ¿En qué fallaste?, te preguntas. La mayoría falla en algo tan básico como no planear una  “hoja de ruta” o una estrategia sobre cómo conseguir sus objetivos. Por lo pronto es imprescindible definir claramente tu propósito. Para esto, es vital escribirlo y describir exactamente en qué consiste, sobre todo visualizar y escribir los beneficios que voy a conseguir  y cómo creo que me voy a sentir una vez que lo logre. No te centres sólo en la meta, motívate anticipando  lo bien que te vas a sentir cuando lo consigas.

En lugar de limitarte a escribir “voy a perder 10 kilos para finales de marzo”, crearás una hoja de ruta en la que escribirás tu meta final, pero también establecerás pequeñas metas hasta llegar al objetivo final, incluyendo cómo hacerlo y los recursos que vas a necesitar. Por  ejemplo, reducir cada semana un kilogramo con un programa de ejercicios y dieta con un pequeño autorregalo, como es el volver a cerrar el botón de una blusa que antes parecía que iba a estallar. Así, te sentirás más motivado.  Algunos si en lugar de haber perdido los 10 kilos han perdido sólo cinco, sienten que fracasaron. Son demasiado autoexigentes. No hay que ser absolutistas, las cosas no son blanco o negro. Perder algo de peso aunque no sea lo que se estableció exactamente en los objetivos iniciales, nos hace sentir mejor físicamente y eso, ya es un logro que hay que celebrar.  Si nuestro objetivo es encontrar pareja, obviamente esto no depende solo de nosotros, pero sí el crear la circunstancias para lograrlo.  En lugar de pedir al Universo que te traiga un príncipe azul, crea situaciones para que al menos puedas tropezarte con él, como por ejemplo, viajar o hacer un curso para conocer gente con la que compartes intereses.
 
En definitiva, hay que distinguir entre propósito y deseo, delimitar qué depende de nosotros y qué nos es ajeno. Ponerlo por escrito es vital y junto al propósito final hay que poner el beneficio real que buscamos. Junto a perder 10 kilos vamos a escribir vernos más guapas o sentirnos más sanos.   

A partir de ahí, establecer paso a paso las pequeñas metas y el cómo las vamos a alcanzar. Así si nos rezagamos un poco con nuestro propósito solo tendremos que volver a la última meta conseguida y no sentiremos la frustración de volver a la casilla de inicio.

Aunque no necesariamente tiene que ser a principios de año, sí es importante escribir propósitos cada año que te marquen la dirección de tu vida.  Si no sabes dónde quieres ir acabarás donde otros quieren que vayas. Haberte parado a reflexionar y establecer objetivos de cómo quieres estar en tus distintas facetas, es tomar el timón de tu vida y en sí, un logro.

Que te tome más tiempo o que hagas un alto en el camino no debe hacerte olvidar nunca el lugar a donde quieres ir y la persona que quieres llegar a ser.
 

Su libro Mis sentimientos erróneos

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