"¿Por qué no duran mis relaciones? Esta es una de esas preguntas que yo llamo "de consultorio'" y que gran cantidad de personas llevan a una sesión de terapia".

"El problema es que, en general, quien se plantea esto busca la respuesta en el ser con un 'qué tengo yo de malo', cuando generalmente la falla está en el hacer '¿qué estoy haciendo mal?' o en el elegir '¿con qué personas me estoy relacionando?'. Por fortuna, de estos dos últimos aspectos hay mucho que podemos aprender y mejorar", compartió a Publinews México el mexicano experto en relaciones del sitio de citas "Match", Mario Guerra.

Las dos principales causas, según Guerra son: "Las grandes necesidades y los grandes miedos".

De los grandes miedos  mencionó: "Quizá es uno de los más grandes generadores de rupturas y fracasos emocionales en las relaciones, pues se puede presentar de muchas formas":

1. Celos: El temor a que nuestra pareja se vaya con alguien, o que llegué un “invasor” a robarnos el amor que tanto nos ha costado obtener, nos hace acosar a la pareja con dudas y suspicacias. Esto aleja a una persona sana, pues no hay prueba que ofrezca que lo libere de la eterna sospecha por parte de su pareja.

2. Miedo a tener una relación: Sé que suena extraño, pero muchas personas sabotean sus relaciones por temor a no dar el ancho, a ser descubiertos como un “fraude” o a no ser suficientes para hacer feliz a otra persona. Es tanto su miedo a no poder, que acaban por orillar la relación a su inevitable final.

3. Agresividad: Piensa en un animal muy asustado; primero tratará de huir y, si siente que no puede, probablemente trate de defenderse como pueda. Una persona con mucho miedo, quizá a ser engañada, abandonada o controlada por otro, se convierte en una persona muy agresiva, pues se está defendiendo de lo que considera una “amenaza”, que generalmente es totalmente imaginaria. Por supuesto, sólo una persona poco sana soporta las agresiones de otro y las sufre “en el nombre del amor”.

4. Distancia emocional: El miedo se disfraza también de frialdad. Hay personas que creen que si se entregan o muestran sus verdaderos sentimientos saldrán inevitablemente lastimados, así que, aunque al inicio del cortejo pudieron mostrarse atentos y cariñosos, eventualmente se transforman en témpanos distantes como un mecanismo de defensa para no mostrarse vulnerables. Esto pone un enorme hielo que congela y mata la relación.

5. Ansiedad: El miedo al abandono, cuando tiene raíces en la infancia, se convierte en una amenaza incluso para la supervivencia. Poderosas memorias emocionales mantienen a la persona inquieta todo el tiempo, muy pendiente de no molestar y complacer a su pareja para que no le deje. Esto genera el efecto contrario; una persona que se anula a sí misma pierde su valor como pareja y genera exactamente lo mismo que tanto quería evitar. El abandono.

6. Persecución:  Cuando una persona tiene una gran necesidad de presencia física para sentirse amada, o aquella que espera una constante conexión emocional de su pareja para estar tranquila, reaccionará al primer indicio de distancia como si fueran señales de un apocalipsis romántico.

Equivocadamente entonces, empieza el acoso a la pareja, demandándole más tiempo y atenciones, sin darse cuenta que esto, lejos de acercar, acaba por alejar definitivamente a una pareja que termina por sentirse asfixiada.

7. Bajos estándares:  Piensa en tu bebida favorita. Imagina que tienes mucha sed y que sólo hay otra que no te gusta tanto. Quizá no la aceptes y esperes a encontrar lo que te gusta más, pero si realmente tienes mucha sed, y no hay otra cosa, probablemente acabes por beberla. Ahora imagina que realmente te estás muriendo de sed, quizá en el medio del mar o perdido en un desierto. 

Con la necesidad de amor pasa algo muy parecido; aunque tu intuición te dice que las cosas irán mal con tal o cual persona, acabas por aceptarla porque eso es mejor que nada. Mala idea; generalmente resulta peor una mala relación que una buena soledad y eso no augura un largo tiempo al lado de esa persona (por fortuna).

8. Permisividad:  De la misma forma que los estándares de selección bajan cuando hay gran necesidad, el nivel de tolerancia sube mucho y entonces aguantas de todo con tal de evitar quedarte de nuevo en soledad.

Mal trato, insultos y hasta violencia física y verbal. En este caso no te preocupes tanto si la relación no dura, sino al contrario. Preocúpate que en casos así decidas quedarte ahí. 

"¿Qué hacer? En todos estos casos la mejor idea es buscar el apoyo de un buen psicoterapeuta que puede ayudarte a canalizar de maneras más sanas tus emociones y a reconocer en ti estos u otros patrones nocivos", finalizó Guerra.