Ya van varias semanas y las manifestaciones continúan. Día a día nos vamos enterando de nuevos escándalos y rápidamente se reafirman la indignación y el repudio hacia las autoridades. Nos desahogamos con los amigos, los compañeros de trabajo y en las protestas.

Es interesante cómo los jóvenes han impregnado su entusiasmo, creatividad y energía en las manifestaciones. El movimiento ha convocado personas de distintas edades y diferentes sectores. Vamos con nuestras propias consignas, pero en el fondo hay un clamor popular: ¡no más corrupción!

Se percibe que deseamos un cambio positivo para el país. En la plaza hemos recuperado el carácter, la valentía y el amor a Guatemala. Inimaginable la forma respetuosa y cordial con que nos tratamos. Pronto invade el brío, la alegría y el entusiasmo. A través de las redes, con las pancartas y personalmente nos comunicamos, llegamos ágilmente a acuerdos y nos unimos.

Hay grupos para todos los gustos. Artistas, religiosos, estudiantes, todos ciudadanos que se dan cita en la plaza. Lo que casi no se encuentran son funcionarios ni políticos –solo vemos sus rostros y los logotipos de sus partidos en los carteles, señalándolos de corruptos. A pesar de que el grupo original #RenunciaYa no conducirá más las manifestaciones, sutilmente distintas organizaciones han tomado el liderazgo. El sábado #30MGT hubo desde muy temprano hasta muy tarde todo tipo de actividades. Depuración de los tres poderes del Estado era la consigna de la marcha que inició en el Organismo Judicial y recorrió las calles hasta llegar al Palacio Central por la noche.

A la par de la euforia, inician las discusiones de las reformas necesarias para que “la cosa” cambie, pero estas no marchan al mismo ritmo. Se han señalado las leyes a modificar, con especial énfasis las relacionadas con la administración del gobierno y con los partidos políticos.

La semana pasada hubo una reunión de los presidentes del Organismo Ejecutivo y del Legislativo para conversar respecto de las reformas pendientes. De nuevo se percibió como un acuerdo entre dos partidos políticos, que posiblemente son los mayores responsables de llevarnos hasta esta crisis. Más tarde se anunció la integración de mesas de trabajo para discutir las leyes relacionadas con la normativa electoral, de los servidores públicos y la de compras del Estado.

Sin embargo, el Parlamento sigue en receso con poca respuesta. En este año apenas han celebrado sesiones plenarias. Se espera no utilizar las mesas como estrategia para disuadir el ambiente político. Además, a pesar de que se llegara a un consenso y se realizaran las reformas, no se tendrían resultados en el corto plazo, ya que no entrarían en vigencia de manera inmediata especialmente la Ley Electoral y de Partidos Políticos, que regiría a partir del año 2016.

Si la mayoría de los congresistas no cambia de actitud y toma con seriedad lo aclamado por la población, la crisis tenderá a agravarse y se remitirá contra ellos. Seguramente lo más urgente es reformar la Ley Orgánica del Organismo Legislativo para que el mismo opere con eficiencia. También habría que investigar cómo se administra, abrir la información de su ejecución al público y fiscalizar a cada uno de sus miembros. ¿Quién controla el desempeño del Congreso? ¿Recuerda por qué diputados votó? ¿Cómo hacer para que todos rindan cuentas?