Recientemente Interpeace, una fundación suiza cuya misión es asistir en la prevención de conflictos y la construcción de la paz, convocó a un grupo de guatemaltecos a formar parte de un proceso relacionado con el proyecto “Resiliencia y Construcción de Paz, Marcos de Análisis para Resiliencia en Guatemala”. La resiliencia es la capacidad que tiene una persona o un grupo de recuperarse frente a la adversidad para seguir proyectando el futuro. En ocasiones, las circunstancias difíciles o los traumas permiten desarrollar recursos que se encontraban latentes y que el individuo desconocía hasta el momento. 

El proceso se desarrollará en tres países y consta de cuatros fases: exploratoria, consulta, implementación de una metodología de Investigación Acción Participativa (IAP) –donde intervienen un grupo nacional de proyecto y grupos temáticos de trabajo–, evaluación y seguimiento del proceso. Luego de avanzar en la fase exploratoria y haber hecho la consulta en 11 departamentos, realizaron un documento de sistematización que contiene acciones (respuestas) de los grupos sociales frente a los problemas prioritarios en su entorno, articulación de las acciones en función de su contribución a la generación o el detrimento del capital social y de la cohesión social, e identificación de las capacidades existentes en los grupos sociales de las cuales depende el tipo de acciones que estos implementan.

La sistematización señala cuatro problemáticas. Deseo referirme a una de ellas: la violencia e inseguridad. Al respecto la criminalidad y la delincuencia resultaron ser las mayores preocupaciones de la población. Adicionalmente, en menor intensidad, el narcomenudeo, la violencia contra las mujeres y contra la niñez. También existe una percepción de relaciones sociales tensas –que puede llegar al uso de la violencia entre la ciudadanía.

El estudio señala que repetidamente ante esta fatalidad la población se queda callada y prefiere no decir lo que está sucediendo por miedo a represalias y por la falta de credibilidad en la eficacia de la policía y el sistema de justicia (aun cuando ellos sean las víctimas, como el caso de las extorsiones). Expresiones como “luchar hasta donde se pueda”, “nada se puede hacer, solo esperar cuando nos toque” o “solo nos queda rezar” muestran una respuesta de inercia y aceptación ante la situación. Pese a la desconfianza, hay personas que sí denuncian; sin embargo, depende de la presencia y confianza en las intuiciones públicas en el lugar.

Previniendo, muchos vecinos se han organizado por medio del patrullaje nocturno. Se comentó que esta práctica ha sido eficaz para ahuyentar a quienes buscan delinquir; sin embargo, en ciertas ocasiones se han cometido abusos, como por ejemplo no entregar al detenido a las autoridades por temor a que la policía lo libere. Otros han optado por los servicios privados, especialmente en el departamento de Guatemala, por medio del cierre de colonias, la instalación de cámaras de seguridad, compra de armas y contratación de agentes.

Se pueden percibir estrategias de sobrevivencia ante esta situación tan compleja, que difícilmente permitan recuperarnos. Si no se transforman las instituciones de seguridad y justicia en el país, el futuro seguirá siendo precario. ¿Qué hace su familia ante la inseguridad? ¿Está su vecindario protegido? ¿Cómo mejoramos la certeza del castigo en el país?