Fue una semana difícil para nuestro país. Seguimos teniendo muertes violentas, y en esta oportunidad llegamos a niveles muy delicados. La granada puesta en el hospital San Juan de Dios y la agresión a periodistas han sido un desborde.

Es terrible el asesinato de tres personas relacionadas con los medios de comunicación de los últimos días en Suchitepéquez. El hecho de que se inicien estos eventos alarma no solo a los periodistas, sino también al país en general. Además de que se perdieron vidas humanas –irreparables–, estos hechos muestran mentes criminales que no les temen a las consecuencias, porque atentar contra comunicadores levanta muchísima presión hacia las autoridades, especialmente contra los dirigentes de gobernación y justicia. También se genera intimidación política mediática, ya sea para congraciarse con los medios o para descalificar a la autoridad. Es lamentable que, en vez de fortalecer la libre emisión del pensamiento, se calla cobardemente al que informa. ¡Un retroceso enorme para Guatemala!

Es incomprensible cómo algunos políticos pretenden engañarnos con su campaña anticipada. Como dice un viejo refrán, “si así son las vísperas, cómo serán las fiestas”. Respeto a los miembros del Tribunal Supremo Electoral que desean recuperar la autoridad. El cumplimiento de un pacto de ética, buscando que los distintos partidos se comprometan a la ausencia de violencia, de ataques verbales y físicos, de campaña negra, es importante. Sin embargo, esperamos que los dirigentes, además de firmarlo, lo honren y que su incumplimiento sea castigado con el resultado del voto. Caso contrario estos pactos seguirán sin tener sentido.
También hay acontecimientos positivos. Tuve la oportunidad de compartir con jóvenes universitarios interesados por el desarrollo de Guatemala. Me llenó de optimismo escucharlos hablando de temas de futuro como educación de calidad, salud primaria –nutrición–, servicios básicos para todos, prevención del delito y generación de empleo. Agrupados en el movimiento @CINCOen5, demandan que se ejecute una agenda de desarrollo para el país y buscan que los políticos se comprometan con el bienestar de la población y no solo con programas populistas.

Asimismo es sugerente leer el libro recién publicado por Roberto Ardón intitulado “Los debates políticos en Guatemala”. Durante su presentación muchos añoramos que durante el próximo proceso electoral se desarrollen eventos públicos donde los candidatos debatan sus ideas y presenten sus propuestas de cómo pretenden abordar los desafíos de nuestro país. El libro presenta “en detalle” distintos debates políticos televisados. Curiosos son los que se realizaron en el país en la década de los setenta. El primero entre Francisco Villagrán Kramer y José Trinidad Uclés –aspirantes a la vicepresidencia–, quienes debatieron sobre temas económicos y sociales. Un segundo entre dos candidatos a la alcaldía de la ciudad: Manuel Colom Argueta y Alejandro Maldonado Aguirre, en el programa “Estudio Abierto”, quienes abordaron su visión de reconstrucción de la Ciudad de Guatemala luego del terremoto.

No perdamos el ánimo, sigamos adelante. Definitivamente la mayoría deseamos el bien común. Es urgente que la situación mejore y que, ante las dificultades, nos unamos y busquemos mejores formas de liderar con el mal. ¿Qué podemos hacer diferente para cambiar el ambiente actual? ¿Qué les exigiría a los próximos gobernantes? ¿Cómo mejorar el panorama político?