La educación es primordial para el desarrollo de un país. A pesar de los esfuerzos realizados en los últimos años, aún tenemos grandes rezagos en esta materia. La mitad de los niños no asiste a la preprimaria, varios no terminan la primaria y apenas 4 de 10 jóvenes estudian la secundaria. 

Se han hecho muchos estudios y se han tomado acciones para mejorar la educación en el país, especialmente luego de los acuerdos de paz. Se cambió el currículo, se crearon dos sistemas importantes –el de evaluación y el de la información– y hace unos años se instituyó que para graduarse de maestro era necesario tener un título universitario. Hay conciencia de los 180 días de clase, los padres participan más y muchos muestran interés por aprender. Sin embargo, el resultado no ha sido tan positivo como se esperaba: no mejora ni la cobertura ni la calidad.

Quedan pendientes temas cruciales como la administración y coordinación de la infraestructura escolar, así como contar con un buen sistema de reclutamiento de maestros y evaluación del desempeño de los mismos en servicio. Muchos maestros han sido nombrados no por su capacidad y vocación sino por su afiliación política o relación con algún funcionario o sindicalista. Esto ha engrosado el presupuesto y además en múltiples ocaciones presionan a los ministros, ya que son coaccionados a citaciones o interpelaciones si no se atienden sus demandas.

Repetidas veces se dice que el problema de educación es la falta de recursos; sin embargo, estos siempre serán escasos. El éxito en otros países fue haber asignado los pocos recursos a rubros prioritarios, basado en planes y evaluaciones constantes de su rendimiento. Sin embargo, en Guatemala en los últimos tres años no ha habido opción de cambio en las inversiones en educación, en especial debido al último pacto colectivo, donde se les otorgaba a los maestros por tres años consecutivos aumentos de 8% para el primer año, 10% para el segundo y 12% para el tercer año 2015. Lamentablemente incrementos sin ninguna condición de mejora en el rendimiento de los alumnos. Este pacto ha representado un aumento de Q9,600 millones (2012) a Q12,300 millones (presupuesto vigente al 2015), Q2,700 millones adicionales al sector educativo.

¿Qué hubiéramos podido hacer con estos recursos? Al menos haber incrementado la preprimaria a 90%, posiblemente duplicar la cobertura del nivel básico público y haber introducido tecnología en las aulas. Proponer y hacer cambios al sistema educativo se ha vuelto difícil, especialmente por la oposición sindical constante a las reformas sustantivas, velando por su bien y no el de los alumnos. Adicionalmente amenazan a las autoridades con paros si sus peticiones no son aceptadas. Esto ha llevado a la educación pública a convertirse en un elefante que pesa mucho y es difícil que se mueva y avance, cuando lo que necesitamos es agilidad para el cambio. 

Al próximo gobierno se le recomienda hacer un plan innovador que contemple un presupuesto conservador. Importante escuchar a distintos sectores y a los diferentes grupos de maestros. Habrá que negociar otro pacto colectivo, sin embargo, debe hacerse conscientemente. Definitivamente no se podrán dar esos jugosos aumentos y mucho menos otorgarlos por varios años sin tomar en cuenta que el Ejecutivo se puede comprometer con el presupuesto del año vigente, pero no con los futuros periodos fiscales. Debiera considerar auditorías de personal, transparencia en las negociaciones y definiciones de programas para obtener calidad educativa.

Requerimos de un pacto colectivo por la educación que busque lo mejor para los estudiantes. Urge que todos los niños desde los 6 años asistan a la escuela, ya que determina su éxito en la primaria. También asignar recursos para becas de estudio para los jóvenes que, a pesar de tener el talento y los deseos de estudiar, no cuentan con ingresos económicos. Además intervenciones para mejorar la calidad: metas y proyectos escolares por aula y escuela, que involucren a los padres, los maestros y los alumnos. Por último, utilizar la tecnología como herramienta será clave para el futuro de nuestros niños y jóvenes. ¿Qué opina de la educación del país? ¿Está de acuerdo con los aumentos a los maestros? ¿Qué haría para mejorar la calidad educativa.

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