Han sido días intensos y llenos de sorpresas. Aunque lo que se destapa huele a podrido, al menos provoca una ventana de oportunidad para la nación. Hace apenas unos meses se perfilaba “peor de lo mismo”, con un sistema político cundido de personas que lejos de servir a los guatemaltecos se burlaba de ellos. La renuncia de la Vicepresidencia presenta una válvula de escape ante los escándalos de corrupción y los resultados mediocres del gobierno actual.

Era un gobierno que se perfilaba con estrategia, buenos cuadros técnicos y un plan. Sus tres pactos prometían: seguridad, justicia y paz, hambre cero y renovación fiscal. Poco tardó la ilusión, con un Congreso totalmente disfuncional. Tratando de mostrar fuerza, se aprobó en forma exprés una reforma tributaria, que no solo carecía de visión, sino ponía más trabas para los contribuyentes. Pronto empezaron las interpelaciones del partido de oposición y las negociaciones entre los organismos del Estado eran cada vez más descaradas.

Se intervinieron los puertos, hubo movimiento en Aeronáutica Civil y por supuesto había que tomar la SAT. La creación de la Secretaría de Control y Transparencia puesta por el gobierno, que luego se tuvo que transformar en una comisión, tenía como estrategia coaccionar a su mismo e q u i p o ( f u n c i o - n a r i o s del Ejecutivo), fingiendo que era una i n s t a n - cia para combatir la corrupción. Desde un principio la Vicemandataria se presentó como una persona ejecutiva, agresiva y retadora. “No es lo mismo verla venir que bailar con ella”, comentó en un foro cuando se le cuestionaban sus resultados. El nivel de glamur y los espectáculos opulentos iniciaron no solo de su parte, sino también de sus familiares y allegados. Sus comentarios cínicos, prepotentes e irreverentes fueron incrementándose. Cada día era más poderosa.

Además de imponente y caprichosa, solía controlar y descalificar a su gente. Muchos le temían. Poco le interesaban las reuniones de los gabinetes. Actuaba sin escrúpulos. Generaba polémica y comprometía a las personas con tal de salirse con la suya. Además contaba con una ambición económica voraz y le encantaba ser protagonista. Tranzaba con sindicalistas, empresarios emergentes y diputados. Una funcionaria sin límites para manipular, negociar e intimidar. Ponía y quitaba peones del tablero de ajedrez. Una reina poderosa con un rey a sus órdenes. Sus alfiles eran sus compañeros del partido y las torres, varios de sus empleados. Sus caballos, personas a su total servicio. Todos cómplices de sus actos, haciéndose entre ellos mismos el jaque mate. A todo esto prosperaba el Estado Mafioso y avanzaba el crimen organizado galopantemente.

Un Ejecutivo ineficiente, un Organismo Judicial cooptado, un Congreso corrupto, alcaldías clientelares y órganos de control deficientes. Es bueno tener una CICIG profesional y un Ministerio Público apto y comprometido. Lo que procede es renovar nuestro sistema político y elegir a gente honesta y capaz. Debe depurarse el Congreso, presionar para que el régimen disciplinario del Organismo Judicial funcione y transparentar el actuar de los alcaldes. En cuatro meses tendremos la oportunidad de cambiar de funcionarios y en siete, lograr una renovación total. La ciudadanía ha despertado y es el momento de iniciar una transformación verdadera. Sigamos el debido proceso y las investigaciones correspondientes, pero avancemos a un ritmo ágil y con paso firme para rescatar a Guatemala. Nos toca analizar a todos los candidatos y no votar por los corruptos y vividores. ¡Que no nos vuelva a pasar! Es el momento de trabajar por nuestro país. ¿En qué le gustaría participar?