La semana pasada el Banco Mundial (BM), en conjunto con USAID y el Gobierno de Guatemala, organizó un evento intitulado “Juntos para la acción”. Tuvo como fin reunir a expertos del sector público, la sociedad civil y la cooperación internacional para conversar, buscando por medio de alianzas diseñar e implementar intervenciones específicas para disminuir el crimen y la violencia juvenil. Durante el evento se compartieron distintas experiencias. En general es complejo, ya que existen varios proyectos aparentemente exitosos; sin embargo, el reto sigue siendo su evaluación, el sentido de urgencia de toma de decisiones y la puesta en marcha de los mismos a gran escala.

Realmente preocupa la situación de la mayoría de países de América Latina. Si bien en esta área geográfica habita el 8.5% de la población, aquí se comete 30% de los homicidios del mundo. Expertos comentan que tres de cada cuatro países se ven afectados por una “epidemia de violencia” (más de 10 homicidios por cien mil habitantes). Los países del Triángulo Norte sufren mucho más que otros lugares, con tasas mayores de 30 por cien mil habitantes.

Violencia se define como la intención de hacer daño físico, emocional o psicológico a otra persona. Es una conducta aprendida. El BM aborda las intervenciones de prevención desde tres niveles: A) Primario: enfoque que previene que ocurra la violencia en primera instancia, con énfasis en mejorar la resiliencia --abordando programas dirigidos a jóvenes y familias para sobreponerse a periodos de dolor emocional y situaciones adversas-- y disminuir la deserción escolar; incluye la vigilancia y la disuasión. B) Secundario: dirigido a la violencia existente y prevención sin recurrencia; encaminado a los que han cometido infracciones y actos de violencia, orientados a minimizar el daño y también la reincidencia. C) Terciario: busca reducir los resultados perjudiciales. Este incluye la rehabilitación y el tratamiento de víctimas y agresores.

Entre los factores de riesgo se encuentra ser joven –especialmente varón–, la pobreza relativa, la ausencia de oportunidades de empleo y la falta de educación. Adicionalmente, los facilitadores de la violencia como la droga y el alcohol, y el uso de armas de fuego, agravan la situación. La influencia de grupos negativos en los jóvenes y la poca confianza en las instituciones públicas hace a los chicos más vulnerables. Sin embargo, se han detectado factores de prevención como educación, espacios seguros y crianza positiva.

El tema debiera abordarse en forma integral. Inspirador el caso de Antioquia, Colombia. El gobernador, anteriormente alcalde de Medellín, ha integrado un equipo de personas comprometidos con erradicar la violencia en su departamento. Bajo el lema “Antioquia la más educada” han emprendido planes y acciones concretas para desarrollar el lugar. Se señala que el desafío más grande es la ausencia del Estado y los mayores obstáculos al progreso son las desigualdades, la violencia y la cultura de la ilegalidad. La corrupción es nefasta para lograr una jornada célebre. “Los medios no justifican el fin; valorar la vida y fortalecer las capacidades de las comunidades son clave para el éxito”, comentó el Secretario de Gobernación.

Se concluye que la prevención de la violencia en la región es apremiante y debemos de actuar lo más pronto posible para lograr que todos nuestros jóvenes tengan a futuro una vida digna. ¿Cómo previene la violencia? ¿Qué acciones promovemos para reducirla?