“Toda acción tiene reacción”, dice un viejo refrán. La semana pasada pudimos observar cómo el Congreso en forma acelerada aprobó una nueva normativa para las tarjetas de crédito. Con 112 votos a favor y 6 en discordia se hicieron cambios en la forma en que operará el negocio. Tres temas importantes respecto de la nueva ley: Se ponen condiciones para la emisión de nuevas tarjetas de crédito, se regulará la tasa de interés y los límites de gastos, y además prohibirá la mayoría de las estrategias de presión que se usan para cobrarles a los usuarios que no hayan cumplido con sus pagos.

La mayoría hemos sido víctimas del hostigamiento de distintos vendedores. Antes eran los casimires, las vajillas, las enciclopedias, los tiempos compartidos y también se sumaban las funerarias. Las tarjetas de crédito posiblemente se volvieron en este tiempo las más insistentes. Es de admirar la perseverancia de parte de los empleados en vender, pero es de muy mal gusto que estén acosando al teléfono personal a horas imprudentes. Sin embargo, al final es el cliente quien toma la decisión de contestar y/o aceptar.

Todos hemos tenido más de algún desafío con la tarjeta y es raro el deudor que no se queje. Es de reconocer que el servicio en algunas empresas ha decaído. Hay a veces maltrato al cliente y terminan cobrando más de lo esperado, razón por la cual era necesaria una regulación. Suena bien que previo a darle una tarjeta a un cliente se harán estudios, se analizará la capacidad de pago y que el límite del crédito no superará el doble de sus ingresos. Mejor aún para el que debe, ya que no lo van a estar llamando para cobrarle, podrá reestructurar su deuda cuando alcance el 150% del límite de crédito y que al final  “es víctima”, cuando ha sido irresponsable o desafortunado en sus pagos y obligaciones.

Sin embargo, lo más complejo de la nueva ley es que regula la tasa de interés, poniéndole precio tope, fijándole “el doble de la tasa ponderada activa, publicada por el Banco de Guatemala”. Esto no tiene sustento técnico, pues dicho promedio corresponde a la actividad bancaria. Además la tasa de interés de una tarjeta de crédito se fija entre varios y distintos oferentes (los emisores de tarjetas de crédito) frente a millones de usuarios y demandantes indeterminados. Dentro del cálculo de la tasa se encuentra el valor del riesgo del oferente, el segmento de usuarios, el pago a tiempo de los clientes, la estructura de la cartera y su manejo administrativo, entre otros. Además compiten por dar servicios, tales como premios, millas, puntos, extrafinanciamiento y otros. En consecuencia no todas cobran la misma tasa.

De aquí las preguntas: ¿Afectará esta medida solo a las tarjetas? ¿Qué pasará con el mercado del crédito en Guatemala? ¿Intervendrán los créditos fiduciarios e hipotecarios?  Lo importante es que cuando el Congreso interviene en temas tan técnicos, debe asesorarse. En este caso había una iniciativa de la Superintendencia de Bancos que señalaba cómo regular sin afectar el mercado y no se siguió. Será importante que en los próximos días se discuta y se analice esta ley y que se aporten dictámenes técnicos al respecto. Dependiendo de su gravedad, será cuestión del Presidente si la veta.
Se teme que esta ley sea la primera de una serie de normas que se emitan “en revancha” contra los grupos o las personas que critican fuertemente al Congreso y a la mayoría de sus diputados. Preocupa que esta sea una declaratoria de guerra y volvamos al pasado donde los políticos intervenían la economía y presentaban leyes populistas que por una parte servían para “quedar bien”, pero por otra era un instrumento de chantaje. Debemos poner atención en las próximas iniciativas de ley, pues podrán tener una alta carga demagógica o un alto precio por engavetarlas.  ¿Qué opina de que el Congreso emita leyes populistas? ¿Qué cambios le sugeriría a las tarjetas de crédito? ¿Está dispuesto a que les dificulten tener una tarjeta?