A tres años de gobierno y ante los desafíos cotidianos que afrontan los guatemaltecos, tal como la pobreza extrema, la inseguridad y la falta de oportunidades, muchos analistas y periodistas han criticado el discurso del presidente con ocasión de la presentación del tercer informe de gobierno.

En general si uno analiza la Guatemala de 2012 con la de 2015 se puede concluir que no ha habido avances significativos, sino que tenemos lastimosamente “más de lo mismo”. En definitivo se reconocen algunos logros, hay esfuerzos por mejorar la situación, y se cuenta con varios funcionarios que día a día trabajan por nuestro país. Sin embargo, el gobierno ha tenido poca iniciativa y escasos planes para realizar cambios estructurales de los servicios públicos en el país.

Se percibe una mejora en la seguridad. La tasa de homicidios ha bajado. Sin embargo, aún mueren 15 personas diariamente, los asaltos a buses no cesan, la conflictividad persiste y el sistema penitenciario no evoluciona. Es complejo medir el éxito con base en las denuncias o en el número de bandas desarticuladas o personas detenidas. Requerimos más información y un plan integral. Realizar encuestas de victimización permitiría conocer el avance, ratificar los retos para luego diseñar y ejecutar planes, involucrando a las instituciones de seguridad, obteniendo resultados.

El gobierno, bajo el Pacto Hambre Cero, montó un planteamiento para disminuir la prevalencia de la desnutrición crónica en el país, con la meta de lograr reducirla 10% en cuatro años. La mitad de los niños en el país tiene este problema. Las acciones realizadas no presentan mejoras cuantitativas. Se ha avanzado en tener los sistemas de información y monitoreo así como el programa de la ventana de los 1000 días. Además hay muchos miembros de la sociedad civil involucrados; sin embargo, con pocas respuestas. Tenemos un gran reto con el sistema de salud pública. Hemos contado con tres ministros de Salud, varios viceministros y múltiples directores. Los puestos y los centros de salud no operan eficientemente y los hospitales públicos están en constante crisis. Un legado de este gobierno podría ser plantear un nuevo esquema de salud que funcione.

La educación de calidad es impostergable. Se requieren grandiosos proyectos para aumentar el aprendizaje y apenas cuatro de cada 10 jóvenes están asistiendo a la secundaria. Esto demanda poner en marcha una estrategia creativa, innovadora y de gran escala para ampliar la cobertura y lograr que los programas educativos doten de las competencias que demanda el siglo XXI a los alumnos.
Para obtener más y mejores servicios públicos definitivamente se requieren recursos económicos. Lamentablemente los pactos colectivos suscritos por este gobierno, en educación y salud, solo han aumentado significativamente el gasto público, sin mayores resultados. Estos temas no son de la coyuntura, sino de progreso y desarrollo.

“Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”, decía Albert Einstein. Es urgente transformar la gerencia del organismo Ejecutivo, la administración de la burocracia y la gestión pública de los servicios para que los guatemaltecos tengan seguridad, salud y educación, proporcionando oportunidades de bienestar y empleo. ¿Qué opina usted de los servicios? ¿Están a disposición de todos los guatemaltecos? ¿Está satisfecho de estos? ¿Qué cambiaría usted?