Hoy tendremos la visita del vicepresidente estadounidense, John Biden, que se reunirá con los tres presidentes del Triángulo Norte de Centro América –Guatemala, el Salvador y Honduras– para conversar sobre el apoyo que su país desea realizar al proyecto Alianza por la Prosperidad, presentado por los mandatarios al presidente Barack Obama, ante la crisis de más de 50 mil 300 niños migrantes.
El escrito mostrado la semana pasada, con el respaldo del BID, identifica los principales desafíos de la región: la falta de oportunidades de empleo, el modesto crecimiento económico, la poca reducción de pobreza, la escasa formación de las personas para el trabajo y la vida, la baja calidad de infraestructura, el limitado acceso a la educación y la salud pública de calidad para la población, el alto grado de violencia e inseguridad y los pocos recursos fiscales.
En general la propuesta tiene cuatro ejes que buscan a) dinamizar el sector productivo, b) invertir en la gente (educación y salud), c) mejorar la seguridad ciudadana y tener acceso a la justicia, y d) fortalecer las instituciones del gobierno. Se percibe que para nuestros países el fin más importante es generar nuevas fuentes de trabajo y calidad de vida para las personas de la región, mientras que para el país donante es el fortalecimiento de la institucionalidad y la seguridad en Centroamérica. Para lograr un cambio se expone mejorar el marco de certeza jurídica para las inversiones, dominar los indicadores de criminalidad, reducir la conflictividad social, ampliar la cobertura energética, optimizar la transparencia y alcanzar la gobernabilidad en nuestros países.
Al final se plantea un plan de desarrollo para los tres países con el objetivo de construir un sueño local y que haya menos migraciones –en especial de niños que no son acompañados por adultos–. La propuesta presenta múltiples proyectos y según se ha comentado, el Gobierno de Estados Unidos invertirá alrededor de US$5 mil millones a lo largo de cinco años para implementar el plan, cifra que está pendiente de aprobar por su Cámara de Representantes.
¿Serán suficientes estos recursos? Considero que es una gran oportunidad para nuestros países de fijar una agenda de desarrollo en el largo plazo y transformar nuestros sistemas de gestión con resultados. Debemos ser realistas que cinco años no serán suficientes para cambiar nuestras naciones, pero sí para crear una base sólida para el progreso. Para ello es necesario dividir los proyectos y programas en tres: los urgentes, los estratégicos y los importantes.
Entre los urgentes están los proyectos en el corto plazo, como protección y atención a personas retornadas (adultos y niños), capacitación masiva a jóvenes, programas de prevención de la violencia en áreas urbanas marginales, desactivación de bandas criminales y ampliación en infraestructura vial y energética. Entre los estratégicos deben considerarse las reformas legales e institucionales de las fuerzas de seguridad (policía y ejército) y la justicia, la transformación de los sistemas penitenciarios, lograr un ambiente sano para la inversión productiva, modernizar las leyes laborales y mejorar la administración del Estado (compras y servicio civil). Los importantes tienen relación directa con la salud, la educación y los servicios básicos a la población más pobre. Es crucial reducir la desnutrición crónica, formar a las nuevas generaciones y lograr que los niños y los jóvenes tengan un mejor futuro con buenos empleos y una vida digna. ¿Qué opina de la alianza?