Venezuela está en la cuerda floja. Un país rico en recursos, pero pobre en su desempeño. Disfrazado de república con un dictador al frente, tiene grandes desafíos, como el alza sostenida de los precios (más de 50% de inflación) y mucha violencia, colocándolo en el segundo país con mayor tasa de homicidios del mundo. Escasez de medicinas, largas colas para obtener artículos de primera necesidad, agresión contra los opositores políticos, la ruina de las empresas, la mordaza a la prensa y la autorización recién del uso de armas letales contra manifestantes son los problemas del diario vivir. Una encuesta reciente realizada en este país señala que solo 2 de cada 10 venezolanos está de acuerdo con las acciones del presidente Maduro y la mayoría opina que la grave situación actual se debe a sus desatinadas decisiones. Cuentan con un régimen autoritario y obsoleto, implantado por Hugo Chávez hace 16 años, que pareciera insostenible en el corto plazo.

Varios países en Latinoamérica se unieron a estrategias similares a la de Venezuela, bajo la sombrilla del Foro de São Paulo. Luego de la celebración de la primera reunión celebrada en Brasil, en julio de 1990, se unieron esfuerzos de los partidos y movimientos de izquierda, para tomar el poder político y poner en práctica un nuevo modelo: El socialismo del siglo XXI. Este contaba con una metodología para llegar al gobierno por la vía democrática, y luego perpetuarse en el poder, cambiando los sistemas republicanos a dictaduras, algunos hasta de corte monárquico, populistas y demagógicos. Hay países seguidores como Nicaragua, Argentina, Ecuador, Bolivia y, en pequeña escala, Brasil. Guatemala se ha logrado escapar en dos oportunidades, cuando se lanzó Efraín Ríos Montt de candidato en el año 2003 y al prohibirle a Sandra Torres correr en las elecciones 2011.

Por otro lado, Cuba, el país que comandaba la iniciativa, posiblemente tome otro giro. Tras medio siglo de embargo, se volverán a establecer relaciones diplomáticas y comerciales con los Estados Unidos, aunque se ha mencionado el respeto al sistema político y económico entre países. También es importante recalcar que los países que generan mayor confianza en Latinoamérica son Chile, Colombia y Perú. Estos mantienen sus repúblicas, fortalecen sus instituciones, promueven la economía de mercado, cuentan con servicios públicos de calidad, respetan la libre emisión del pensamiento y las libertades civiles priorizan el estado de derecho y conservan sus democracias. Posiblemente la lección aprendida es que en esta época es muy difícil concentrar el poder, como lo señala Moisés Naím, en su libro “El fin del poder”. Las masas, las comunicaciones y el pensamiento global están influyendo en el mundo de los negocios, derrocando dictadores y abriendo nuevas e increíbles oportunidades, pero también advierte de que pueden conducir al caos y a la parálisis. Aún falta la evolución de los sistemas políticos. Es urgente replantear los partidos, modernizar sus métodos de captación y transformar su organización. El liderazgo será clave. Estaremos pendientes de que pase en la celebración de la VII Cumbre de las Américas que se llevará a cabo en Panamá el próximo mes, donde participan 34 países del continente. Sin embargo, los miembros del ALBA, integrado por 12 países, han decidido boicotear la cumbre si Cuba no se presenta. Será interesante observar cómo concluye este capítulo entre dos visiones. Posiblemente estamos viendo el fin del neosocialismo diseñado para la región hace 25 años. ¿Qué opina de las dictaduras? ¿Cómo cambiaría el sistema político, económico y social de Guatemala?