Guatemala se mueve en estos tiempos entre los episodios del caso La Línea y las inquietudes que surgen de la segunda vuelta. Pero en medio de esas dos novelas hay otros asuntos gravitando. Y no de importancia menor. El diseño y la aprobación del presupuesto, por ejemplo. O la conformación del nuevo Congreso que requiere de un análisis más cuidadoso, porque ahí se ha validado en mucho el sistema torcido que nos perjudica desde hace décadas.

Los temas abundan en nuestro intenso país; las jornadas apenas nos permiten parpadear y nutrirnos de oxígeno. La coyuntura es trepidante y vertiginosa. Lo cual nos lleva a la inmediata conclusión de que bajar los brazos no es opción. La lucha continúa.

El signo de los tiempos es ocuparse de escribir la historia. Y en ese contexto, hay quienes opinan que el movimiento ciudadano ha tomado un merecido descanso. Y creo que tienen razón. Pero creo también que el liderazgo reconocible debe asumir pronto papeles más protagónicos y mover el avispero. La vigilancia no puede darse el horroroso lujo de descuidarse. Porque los corruptos no pierden minuto para sus fechorías.

Y aún existe una marcada resistencia a dar por perdidos los privilegios y las prebendas. Se respira un alivio en buena parte del país por los resultados en las urnas. Considero que hasta la economía se movió para bien luego de que se conoció oficialmente cómo quedaban los nombres para el balotaje.

Sin embargo, sería sumamente mediocre no darle seguimiento a los logros obtenidos. Es momento de exigirles a Jimmy Morales y a Sandra Torres que revelen los nombres de quienes integran su equipo más próximo. De escudriñar a profundidad sus planes de gobierno.

De determinar, sin excusas, los nombres de sus futuros ministros. Y sobre todo de analizar sus propuestas en materia del manejo que piensan poner en práctica cuando reciban un Ejecutivo con unas finanzas precarias y con un sinfín de retos que no les van a dar tregua.

Considero asimismo inaplazable que den a conocer a sus patrocinadores. Que nos digan qué empresas o qué particulares les dan el helicóptero y sus blindadas. Y que se centren en el cómo más que en el qué. Necesitamos saber, además, la manera en que van a sufragar los gastos de sus promesas en tarima. Y que debatan. Que debatan lo más que puedan. Que contrasten sus ideas. Que nos muestren con coraje e hidalguía de qué están hechos. Sandra y Jimmy. Y quienes los rodeen.

Y quienes intentan cooptarlos. Y quienes ya mueven sus tentáculos para activar el botín. Es la hora de la rendición de cuentas. Mas no solo en eso tenemos que enfocarnos como ciudadanos. Mencioné antes que el diseño y la aprobación del presupuesto nos deberían preocupar, y mucho. Es de ese presupuesto de donde varios corruptos quieren hacer piñata. Todos lo sabemos.

Lo que nos es trabajoso entender es cómo podemos presionar, de manera legítima, para que no se burlen de nosotros con la asignación arbitraria y delictiva de las obras. Confío en que los grupos que visibilizan esa clase de componendas hagan una alianza estratégica con los medios de comunicación y con las redes sociales para denunciar cualquier maniobra que pretenda hacerse.

Ningún esfuerzo es despreciable en este sentido. Ninguno. Como tampoco lo es en lo relacionado con los acomodamientos que se den en la legislatura que nos viene a partir de enero 2016. La depuración para los diputados está en camino. Aunque ellos se nieguen a aceptarlo.

De hecho, no me extrañaría ver muy pronto a uno o a varios de ellos en la cárcel y sufriendo con las escuchas telefónicas. Sería saludable y oportuno que ocurriera en el corto plazo. Porque ha sido precisamente el Congreso el poder del Estado que peor ha leído el cambio de aires que se respira en el país. Parecieran estar en negación. Y su torpeza los delata de pies a cabeza. Es imprescindible también que todos los gremios se unan a este clamor de nuevos compromisos con Guatemala. Comprendo que cambiar es difícil para todos.

Pero el análisis correcto de estos días históricos nos conduce hacia un sendero inequívoco: el de enfrentar el desafío, sí o sí. Es cierto que algunos se quedarán sin ese gran negocio que hacían antes. Y que habrá muchos que, acostumbrados a la alfombra roja de la impunidad, tengan que jugar limpio, no por principio sino por necesidad. Y a quienes digan que aquí no ha cambiado nada, solo les pido situarse en el 15 de abril de este año. Piensen en cómo visualizaban al país en ese cercano entonces. La CICIG iba para afuera, considerada un “experimento fallido” por los mandamases de turno.

La corrupción se disponía a mantener su ritmo criminal sin que nada se le opusiera. La ciudadanía estaba más dispersa que nunca. Las encuestas pronosticaban una debacle electoral. Del sistema de justicia casi solo oíamos testimonios tenebrosos. Pero hoy, Guatemala vive tiempos de esperanza.

La vindicta pública ha empezado a funcionar. Hay casi 40 personas detenidas por el caso La Línea. Entre ellas, un ex presidente y una ex vicepresidenta. Eso es inédito, no solo para nosotros, sino para el mundo. Nuestra autoestima debe estar al tope. Y, por ello, no podemos flaquear ni permitir que habiendo avanzado tanto, las autoridades venideras apuesten a que la fiesta de la Plaza ya se disipó, o a que el movimiento ciudadano no volverá de su merecido descanso. Si la gente sigue en pie de lucha, importa poco quién llegue a la presidencia. Sea Sandra o Jimmy; sea Morales o Torres.