El sector Salud debería de ser objeto de un plan piloto para rediseñar el Estado de Guatemala. Es ahí donde la mezcla deseable que sugieren algunos expertos tendría que ser aplicada de inmediato. Me refiero a una limpieza profunda de sus estructuras de corrupción, incluida cárcel para los responsables, a lo que se añadiría la infaltable dotación de más recursos en el próximo presupuesto. Claro, también una vigilancia a modo de marca personal. Como sombra.

La crisis permanente en que a duras penas ha sobrevivido la red hospitalaria es inaceptable. Y, como suele ocurrir, se volvió parte del paisaje. Es decir: se “naturalizó”. Por ello, en las penurias y los dramas de la coyuntura actual, la oportunidad se pinta como para tomar decisiones definitivas. El hecho de que el Gobierno sea transitorio da para eso. Asimismo, que el presidente Alejandro Maldonado Aguirre haya dado muestras de querer dejar su nombre sin tacha para los anales de la Historia.

En un país como el nuestro, si no se trabaja por prioridades se corre el tremendo riesgo de no alcanzar logros concretos. En el caso de la falta de abastecimiento en los hospitales nacionales, es urgente que las entidades a cargo unan esfuerzos y le den la vuelta al círculo hasta sus últimas consecuencias. Sin vacilar. Con decisión y coraje. Pero también con estrategia. La CICIG y el Ministerio Público precisan de todo el respaldo para que los negociantes de la salud sean condenados. Tanto los detenidos como los que siguen prófugos. Y ya. Porque el tiempo es nuestro enemigo. Que no extrañe a nadie que esté corriendo mucho dinero para amedrentar a jueces o para comprar a operadores de justicia, y así intentar impedir que se conozcan los putrefactos tratos que han costado vidas por la falta de antibióticos en un intensivo, por ejemplo. La vigilancia ciudadana, así como la oportuna denuncia, son decisivas para golpear a esas redes mafiosas. Fue muy valiente el representante del Consejo Superior Universitario en la Junta Directiva del Seguro Social, Edgar Balsells, al decir que Gustavo Alejos hizo contacto con él y le solicitó sostener reuniones antes de tomar posesión, a lo que Balsells se negó, según lo que dijo en una entrevista en Emisoras Unidas. Recuerdo, por si hace falta, que Alejos es buscado por la justicia hace varias semanas por su presunta vinculación con quienes han hecho festín y botín con la venta de medicamentos.
Toda crisis encierra una oportunidad. Eso lo sabemos de sobra. Y lo cierto es que, incluso con todos los dados a favor de “los buenos”, las cosas no serán fáciles debido a los millones que hay de por medio en esta red delictiva que se mueve adentro del ámbito estatal, entre el IGSS y el ministerio de Salud. Al respecto, si el titular de la cartera, Mariano Rayo, dispone del apoyo correspondiente desde el Ejecutivo y se gana con acciones el respaldo de la sociedad civil,  está también obligado a destapar cuanta cloaca encuentre en las gavetas de la entidad a su cargo. Y eso lo pondrá en peligro. Y a prueba. Pero si sale avante, su carrera política experimentará un renovado despegue. Va bien, hasta ahora. Pero el desafío es monumental. Y dudo de que se cuente, por el momento, con suficiente organización ciudadana como para presionar donde se precisa, y de la manera más efectiva.

Es momento de hacer cosas diferentes. Por doloroso que sea y por arduo que parezca, el proceso será espinoso. Pero más duro será si nos retrasamos en iniciarlo. He escrito antes que la crisis del sector Salud, documentada como la peor que se ha vivido, debería de llevarnos a la Plaza de nuevo a exigir que haya acciones puntuales y contundentes para solucionarla. No me retracto de ello. Lo único que agrego es que resulta indispensable hacerlo de una forma más estructurada. Pedir imposibles por desinformación hace daño a los procesos como el que se sufre hoy. Es muy importante, además, que el equipo del presidente electo se sume lo antes posible a este esfuerzo, que ni por asomo le es ajeno. Es a él a quien más debiera importarle que el desastre financiero que hoy enfrenta el Estado llegue con un cierto respiro a sus manos. Hablo de enero, el cual está a escasas semanas de calendario. Es evidente que con la asignación presupuestaria actual, el sector Salud jamás levantará cabeza. De hecho, es un milagro que la red hospitalaria no haya colapsado aún. Y es hora de revisar muchos aspectos en este ingrato episodio. El pacto colectivo, por citar uno. Y el “robo elefante”. Y los criminales precios que se pagan por algunas medicinas.  Sobran las infamias. Y los lodazales. Y las bajezas.

Estamos a finales de 2015. ¿No le parece horroroso que muera gente en un intensivo por falta de antibióticos?