Reporteros que cubren regularmente hechos de calle me lo dijeron categóricamente: los bloqueos del pasado viernes fueron atípicos. Y no hace falta elaborar demasiado para determinarlo. El atropello cometido por los supuestos inconformes es inaceptable. Aunque lo que pidan sea coherente y válido. No es ahí donde radica el problema.

Este país no puede permitirse un solo bloqueo más. Ya fueron demasiados. Sobre todo, cuando la abierta complicidad de las autoridades los vuelve un agravio con sello gubernamental, en un momento en el que lo que debería de preocuparles es recuperar, si es que pueden todavía, algo de su legitimidad como funcionarios en un país democrático. En la ruta al Atlántico, por ejemplo, la misma policía colaboraba con que los piqueteros se cambiaran de vía, para así “civilizar” sus acciones, dando paso a quienes iban en sentido contrario. Entrevisté a Nélida Corado, portavoz de la Alianza Obrero Campesino, “entidad” a la que nunca antes había oído nombrar y de la que nadie en el medio tenía el menor indicio. No me contestó de manera directa ninguna de las preguntas. Las digresiones sin consistencia fueron la base de su discurso. Lo que sí me dijo es que ve normal interrumpir la libre locomoción de la gente. Lo considera justificado por “defender” los intereses colectivos. Y “cree” que los automovilistas afectados simpatizan con ello. Me recordó al dirigente magisterial Joviel Acevedo, quien meses atrás me dijo al aire que él no ve diferencias entre una manifestación y un bloqueo de carreteras. Lo cual me pareció patético en aquel tiempo, pero mucho más me lo parece ahora.

Es totalmente inaceptable armar un caos tan irresponsable y tan innecesario en una ciudad, como el provocado el viernes 5 de junio. Las historias de horror abundan. Antonio Galicia, vocero de la PMT de la capital, me relató cómo personal de EMETRA se vio obligado a mediar para que muchos no fueran despedidos por no llegar a tiempo a sus trabajos. Es cierto que ello, a su vez, implica casi una crueldad del empleador que duda de su gente, cuando no es secreto que el tráfico colapsó aquel día. Pero más allá de los capataces de finca del siglo XIX que aún mandan en algunas empresas del país, el vejamen orquestado presumiblemente para intentar el desprestigio del movimiento ciudadano es salvaje y alevoso. Estoy de acuerdo con que los nombres de los empresarios que han sobornado para eludir controles en la aduana deben darse a conocer. Y también que es obligatorio que se les procese. Pero resulta muy burdo que las mantas llevaran nombres y fotos de integrantes del sector privado que han pedido la renuncia de funcionarios actuales. Y es ordinario y vulgar que en un momento en que la gente se ha entusiasmado con exigir sus derechos en las demostraciones de plaza, surjan casi de la nada grupos que se presten a infundir miedo o rechazo por las acciones de ciudadanía, a cambio de quién sabe qué dádivas.

No tengo pruebas documentales para acreditar que estos bloqueos hayan sido obra del Gobierno por sí solo, o muy probablemente con la ayuda de algún partido que se sienta amenazado en sus aspiraciones de saqueo por el hartazgo del pueblo contra la clase política. Pero tal vez no hagan falta. La serie de comunicados de diversos grupos aclarando que no participaban de esa payasada es casi una confirmación de lo que presumo con cierta certeza. Hasta CONIC, que ha sido obvia aliada de los gobernantes de turno, tomó distancia de este desaguisado. El colmo fue que la misma señora Corado me dijo en la entrevista que su grupo ha participado en las protestas de los sábados. Y lo considero el colmo, porque si se ha unido a esas manifestaciones, ¿qué sentido tenía amargarle la vida a tanta gente con acciones marcadas con un espíritu totalmente contrario al mostrado en fechas memorables como el 25 de abril o el 16 de mayo? No me hace click semejante contrasentido. Para nada. Aunque coincida con ella en que la lista de los corruptores deba conocerse cuanto antes.

Parece evidente que el zarpazo de vuelta del hampa organizada ya empezó. Mucho se había tardado. Coincido además con Carmen Rosa de León Escribano, en cuanto a que a corto plazo no se le asestarán golpes significativos a las mafias político criminales que operan al amparo del Estado, en connivencia con la escoria más despreciable de nuestra sociedad. Sin embargo, me encantaría equivocarme. Me gustaría tener que tragarme mis palabras y ver, en los próximos días, a “peces gordos” esposados y rindiéndole cuentas a la justicia.

Mientras tanto, confío en que el pueblo que ya entendió su incidencia histórica al unirse a este movimiento ciudadano, no se deje amedrentar por las operaciones malévolas de “control de daños” que buscan, con artimañas baratas, romper la cohesión del clamor popular. Las demandas están claras. Y ni la mayoría del Congreso ni muchos políticos dan muestras de oír lo que la voz de la gente exige con toda razón. La serenidad, el respeto y la persistencia son los bordados más valiosos de las banderas que llevamos dentro. Seguir adelante no es negociable; es un deber. Y es imperativo insistir. Y seguir insistiendo. E insistir otra vez. Nadie dijo que esto iba a ser fácil.