Atasco 1. Voy conduciendo bajo un aguacero descomunal. Y mientras los parabrisas me recuerdan con su carraspeo que ya es hora de que los cambie, empiezo a imaginar este escrito. El tráfico es exasperante. Los tres carriles del bulevar son literalmente un estacionamiento en el que, en cada automóvil, se acumulan el cansancio, el enfado y la irritación. Ni siquiera nos movemos “a vuelta de rueda”; sencillamente no avanzamos. Enciendo la radio. Las noticias giran alrededor de la captura de la exregistradora de la propiedad Anabella De León. Plazas fantasma, detrás de su caso. Y un desayuno que costó Q150 mil, pero que nunca se llevó a cabo. Reviso redes sociales.

Las mofas en su contra son implacables, como era de esperarse. Y los memes, ni qué decirlo. Hubo “jueves de CICIG y MP”, y ello implica movimiento en tribunales y en las charlas por doquier. La “diputada contra la corrupción” señalada de corrupta.
Ella lo niega todo. Como también negará, al día siguiente, que se “atrincheró” en su casa cuando las autoridades llegaron a detenerla. Es intimidante la masa de vehículos que veo frente a mí.

Lo menos me falta una hora para arribar a mi destino. Medito: ¿Por qué en Guatemala nos tardamos tantos años en entender que la justicia debe funcionar igual para todos? ¿Cuánto nos faltará para lograr que tal cosa se alcance a plenitud? ¿Por qué permitimos, hasta colmos de oprobio, que quienes fungían en puestos públicos ordeñaran hasta la última gota de sangre de los escasos recursos públicos, para enriquecerse y saciar su sed de poder? Me he movido unos 150 metros durante 45 minutos de cavilaciones. Por suerte dispongo aún de medio tanque de gasolina. El 70% de los carros que “se quedan” es por falta de combustible.

Y cuando llueve, solo en la capital alcanzamos cifras que rozan las 45 colisiones por jornada. Oigo declaraciones de Anabella de León. No son ni en inglés ni en italiano. Son en un español que, según mis percepciones, rayan en lo cínico. Las redes sociales siguen ensañándose con ella. No quiere compartir celda con la ex vicepresidenta Roxana Baldetti, “para no molestarla”, dice. A mí lo que me molesta es este tráfico infernal. Estos no son automóviles fantasmas; son de carrocería y de motor. Y expelen humo. Sigo aquí.

Y me pregunto: ¿será que en la “ciudad del futuro” tendremos que transportarnos en patineta? No quiero ni imaginarlo.

Atasco 2. Es un alivio que los parabrisas se cambien en un abrir y cerrar de ojos. Hoy, si llueve, no me torturaré con la tos de su jadeante ir y venir. Pero el tráfico no deja de ser un martirio. Por la radio oigo la transmisión del encuentro de Guatemala contra Trinidad y Tobago. Iluso que soy, guardo esperanzas de ganar. Más cuando el Pescado anota después de un dominio claro del combinado nacional. Grito solo el gol y me abrazo del volante; ganas me dan de salir a festejar con el resto de automovilistas, pero, a riesgo de ser confundido con un ladrón, me abstengo. Reviso redes sociales.

La golpiza de esta jornada es para el presidente Jimmy Morales por haberse quedado dormido en un acto público. En realidad son secuelas de ayer cuando se dio la nota. En los asertos electrónicos hay crueldad mezclada con un ácido sentido del humor. No puedo evitar sentir pena por el mandatario. Yo también he “cabeceado” en algunas presentaciones. Es humano estar exhausto. Y tal y como lo escribí por medio del Twitter, no es pecado que se haya quedado dormido. Lo inaceptable es la manera en que su portavoz lo ha defendido. A él también la cae duro en las redes. Y al parecer le cala el mensaje, porque el domingo, luego de que el Arzobispo Metropolitano le recomienda a Jimmy Morales “un descanso”, para así estar bien despierto para ocuparse de los problemas de Guatemala, su defensa es más cuerda y hasta termina dándole la razón al religioso. Sin embargo, flota todavía la duda de si al reportero que tomó el video lo despidieron por eso, lo cual, de confirmarse, sería despreciable si la orden hubiese provenido de la Casa Presidencial. La empresa radial lo niega; las redes lo dan por hecho. Posiblemente nunca se sepa lo que realmente sucedió. El tráfico del viernes es como es. Pesado. Apretado. Eterno.

Y hasta triste cuando, a segundos de terminar el primer tiempo, nos empatan en el peor momento. Medito otra vez. ¿Será que el futbol no ha logrado sacarse esa “codificación para el fracaso” que por tantos decenios nos ha perseguido a los guatemaltecos? “Sin desarrollo social, aquí no habrá buenos deportistas”, sostiene un gran amigo que es experto en estos asuntos. Y yo, al prestarle atención, me digo algo similar casi en cualquier otro tema del país. Es triste que le dediquemos tanto espacio y tanta energía a un presidente que dormita durante una presentación. Por bochornoso que sea. Insisto: le pasa a cualquiera. Lo que ocurre es que, a su alrededor, no existe la habilidad política, ni la franqueza, como para sacar adelante el episodio. Sigo en el carro. El segundo gol de Trinidad y Tobago sella nuestra suerte. O, para decirlo bien, nuestra amargura. Veo un meme muy chistoso de una alcancía que tacha el nombre de “Rusia” y escribe el de “Qatar”. Entonces me cambio de chip y pienso: confío en que habrá muchos más “jueves de CICIG y de MP”. Y que tendrán que caer los que falten.

Es lo justo. Aquí han muerto demasiados inocentes por culpa de la corrupción. Espero condenas con debido proceso. Lo más pronto posible. Y veo frente a mí una caterva de vehículos que me enturbian el rumbo y me retrasan la llegada a mi destino. Así de arduo ha de ser el camino que nos espera en los próximos años para domar y vencer a este sistema de “pago de favores” y de robos descarados a plena luz del día. Así de trabajoso ha de ser el trecho que nos falta para ese ansiado desarrollo social del que habla mi entrañable amigo el experto en deportes. Me pregunto: ¿Qué tiene que ocurrir en Guatemala para que, de verdad, la gente sienta temor de meterse en negocios turbios? Tal vez ya esté pasando. De hecho, ya lo está. Avanzamos. Poco a poco. “A vuelta de rueda”. Y aunque nos demoremos, arribaremos a ese país anhelado. Ojalá más temprano que tarde. Ojalá que por lo menos a mediano plazo. Antes, sin embargo, nos tocará domar muchos atascos; los atascos de la resistencia. Los atascos del hampa.