Es un grave error de Líder organizar una manifestación con un recorrido que arrancará, según anunciaron fuentes de ese partido, en la Corte Suprema de Justicia y que llegará hasta la sede de la CICIG. Sin guardar casi ninguna distancia, sería como que si Juan de Dios Rodríguez, Carlos Muñoz, Omar Franco, Juan Carlos Monzón y Gustavo Martínez armaran una movilización para quejarse de que están siendo perseguidos por la justicia. La contundencia de las escuchas telefónicas me dejó estupefacto. Oír haciendo semejantes tratos a un Edgar Barquín, a quien siempre había considerado como un técnico serio, me perturbó. Y lo mínimo que esperaría de él, así como del resto de señalados en estos penosos incidentes, es que encaren la situación de una manera decorosa. Es decir, brindando una explicación coherente o haciendo un “mea culpa”, y no intentando desviar el tema con incendiarias declaraciones de tarima.

Según una nota de “Prensa Libre”, el candidato vicepresidencial del partido rojo dijo: “No nos vamos a arrodillar ante extranjeros, ante la CICIG o el MP”. Pregunto: ¿Es este el mismo Edgar Barquín que una vez, según me enteré, rechazó el chantaje de un periodista que lo presionaba desde un micrófono? No logró encajar a ese Edgar Barquín con el de ahora. Como tampoco termino de entender al resto de políticos que se empeñan en mantener en pie esta farsa de elecciones “en aras de la institucionalidad”. Tras el informe presentado por el comisionado Iván Velásquez la semana pasada, si alguien tenía dudas de que nuestro modelo electoral está podrido, supongo que ahora lo ha confirmado plenamente. No porque lo diga la CICIG. Es porque de tan obvio nos carcome la conciencia. Grande sería que un candidato o candidata, especialmente si se ubican en los primeros lugares de las encuestas, tuvieran la dignidad de renunciar a sus aspiraciones y de proclamar lo que quiere la mayoría de la población votante: que se depure a la clase política antes de cualquier elección.

Entiendo que las inversiones han sido de millones. Que ya existen compromisos. Que hasta partidos que carecen de toda posibilidad se han embarcado en gastos. Pero, tal y como va la situación, el naufragio de este sistema es inminente. Y más barato le saldría a cualquier candidato deponer las armas de campaña ahora, y no tener qué capitular ya en el poder, con el desprestigio y los riesgos legales que ello traería consigo. Es cierto que estoy pidiendo demasiado. Es cierto que los políticos criollos no disponen de la altura suficiente como para visualizar la debacle que se les viene. Pero insisto: su opción hoy es, o quedar de héroes que dan el paso atrás para permitirle avanzar a la democracia, o ser recordados como los últimos que quisieron depredar el erario público, y que fueron sacados por la indignación popular y las acciones penales en su contra.

Nadie con dos dedos de frente ve hacia las elecciones con esperanza. Es cuestión de lucidez y de decencia. Si alguien de verdad abomina la corrupción, sabrá que el modelo que se nos ofrece en la papeleta es el mismo de siempre, o incluso peor. Con las contadas excepciones que no alcanzan para cambiar el panorama. Todos lo sabíamos; para nadie es una novedad. Pero después de las contundentes conclusiones reunidas por la CICIG, ya no es posible jugar a que aquí no pasa nada. Ir a las urnas no será una fiesta. Y la institucionalidad del Estado corre más peligro ahora con unos comicios desprovistos de legitimidad que con una salida negociada que nos dé la oportunidad de evitar el colapso con violencia. No estoy sugiriendo un golpe. Lo que propongo es un acuerdo. Un “gana-gana”.

Los políticos en general no parecen comprender el calibre de la coyuntura. Más ahora que el comisionado Iván Velásquez afirmó que ya no solo habrá “jueves de CICIG”, como ha dado en llamarle el ingenio de la gente a las acciones que la entidad internacional ha ejecutado en los últimos tres meses junto con el Ministerio Público, sino múltiples acciones que abarcarán a todos los que violen la ley . Velásquez lo dijo sin ambages: “Habrá martes, miércoles y todos los días de CICIG”.