Hoy hace 145 días, Guatemala decidió que ya había sido suficiente. Que el saqueo del que era objeto rayaba ya en lo inaceptable. Que los vejámenes por parte de los maleantes del poder no podían continuar ultrajando su dignidad. El resto del relato es harto conocido. La gente empezó a escribir la historia con la pluma de sus acciones. El cambio se sintió, el cambio se siente. Respirar Patria se volvió un verbo pujante que nos despertó el deseo de luchar por la justicia. Me ha gustado un vídeo cuyo mensaje se resume en que “votar es manifestar”. Me emocionó la progresión de su discurso fílmico. Sus cuatro momentos retratan cómo las demostraciones de plaza fueron creciendo. Es nuestra gesta histórica recién lograda.

Es nuestra gesta histórica que sigue en curso. Como para hacernos pensar, no en una primavera democrática de diez años, sino en un futuro primaveral donde la democracia se vaya consolidando con el paso amable del tiempo. Hemos madurado mucho en los últimos 145 días. Mucho y bien. Y pese a los sabotajes propios de las sociedades desconfiadas, hemos trabajado en equipo. El voto inteligente y meditado que se ejerció el domingo 6 de septiembre fue un voto que surgió desde el empoderamiento ciudadano. No se trató solo de una asistencia numerosa a las urnas. Fue también una asistencia estratégica. Es decir, no fue solo cantidad, sino sobre todo calidad.

Y en el desolado panorama que se nos presentaba, partiendo de lo posible y no de los deseable, trajo consigo el resultado más feliz de lo que cabía, según las encuestas. He ahí el aporte de quienes, no sin argumentos, elevaron la voz haciendo ver que “en esas condiciones no queríamos elecciones”. Fue su insurrecto planteamiento el que, en buena parte, logró que la respuesta en las votaciones resultara tan lúcida. Y me ilusiona comprobar que entre los que rechazaban una elección deslegitimada y quienes pedían completar el proceso electoral en sus fechas estipuladas en ley, haya habido más armonía que contradicción.

Ambos grupos, sin saberlo, jugaron del mismo lado, pero con diferente creencia. En dos platos, lo ideal en un conglomerado social. Ya sé que muchos no estarán de acuerdo conmigo en eso. Pero otros sí. Y es en lo que nos vincula de lo que me nutro. Y es evidente, además, que no podemos quedarnos aquí. Recuerdo una frase que dijo en una entrevista el embajador de Estados Unidos, Todd Robinson: “Mientras haya participación habrá esperanza”. A lo que añadió que no se arrepentía de haberse unido a una manifestación a las afueras del Congreso. Pienso: la Guatemala actual inspira, la Guatemala actual convoca. Y así llego hasta la idea de que el aporte a este glorioso episodio nos ha devuelto la alegría como pueblo. La sonrisa colectiva.

La dicha cantada a coro en un himno nacional que desempolvamos de nuestros tiempos escolares. Al día siguiente de la jornada electoral, el licenciado Hugo Maúl Figueroa lo dijo con sabiduría espontánea: “Amanecimos con déficit de sueño, pero con superávit de optimismo”. Y con su serenidad proverbial, mi tocayo Luis Felipe Linares recordó que “el mensaje a la clase política había sido contundente, y que si Jimmy Morales gana la segunda vuelta, no recibirá un cheque en blanco”.

Yo suscribo lo dicho por ellos hasta en la última coma. A la hora que le doy los toques finales a este artículo, no hay total certeza acerca de quién acompañará al candidato de FCN Nación al balotaje. Confío, sin embargo, en que será Sandra Torres la que dispute la presidencia con Morales. Para el sistema sería muy sano que después de su errático e inaceptable actuar, Líder quedara afuera de la contienda presidencial.

Los renovados aires del país así lo exigen. Igual que los nuevos compromisos que, como sociedad, debemos adquirir. Hemos caminado mucho en un tiempo muy corto. Y aún nos faltan jornadas históricas y posiblemente épicas por vivir. Varias de ellas esta misma semana. Por ello, me adscribo a la idea de seguir trabajando en equipo. Hemos logrado grandes conquistas así. Me alienta haber desempolvado el himno nacional de mis días escolares. Me estimula sentirme parte de este movimiento que nos ha devuelto la sonrisa colectiva. Todo ello, en apenas 145 días.

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