Por mi profesión de periodista suelo conversar con una interesante diversidad de gente. A veces lo hago con analistas y expertos. Y suelo abrir mis ideas por medio de su lucidez. 

También hablo con funcionarios en ejercicio. Algunos, con un desempeño que entusiasma y da gusto. Otros, con evidente desconocimiento del quehacer público, y que lejos de servir son inservibles.

Asimismo, entrevisto a políticos. Y he aprendido a conocerlos, partiendo del principio de no generalizar. Sin embargo, en tiempos como los que corren resulta casi impensable alentar esperanzas en lo que me dicen.

En ocasiones, porque no hay fondo en su forma, y en otras porque su forma es tan vacua como su fondo. Pero la semana pasada, mientras intentaba reponerme de las fotos que muestran al país pintarrajeado por los aspirantes de turno, convoqué al programa “A Primera Hora”, junto con mi nueva compañera de cabina Marielos Fuentes, a dos mujeres que trabajan por los niños que padecen cáncer.

Ellas son Ada Luz de Silva, del Club Rotario de la ciudad de Guatemala, y Luisa Fernanda Ávila, de Ayúdame a Vivir (AYUVI), la fundación que se ocupa de la Unidad de Oncología Pediátrica (UNOP), donde recibe atención el 44% de los menores de este país que han sido diagnosticados con esa dura enfermedad. Ada Luz concentra su ahínco en promover la carrera Arco Iris, que en 2015 cumple 25 años, y que aporta Q1.5 millones de los Q94 millones que precisa la Unidad para funcionar.

Lo hace con una entrega muy similar a la que impulsa a Luisa Fernanda, quien se ocupa de la comunicación de AYUVI. Cada una, a su manera, acompaña a diario el coraje de los pequeños que luchan por sus vidas. Por ellas sé que cada tratamiento no baja de Q450 mil y que mínimamente dura ocho años. Lo cual indica que son pocas las familias en Guatemala que pueden enfrentar semejantes gastos.

La buena noticia es que siete de cada 10 niños con cáncer logran salvarse. Y por ello es fundamental, no solo que se haga conciencia de esta realidad, sino que se estimule a participar en la carrera y así conseguir los fondos que se precisan para continuar con esta noble labor.

En ese orden de ideas, una valiente madre, Marisol González, decidió asistir también al programa y lo hizo junto con su hijo Sebastián, de 14 años, que hace seis meses está siendo tratado por leucemia. Oírlos decir las pocas palabras que pudieron emitir fue una lección de vida.

A los dos se les quebró la voz cuando les tocó su turno en la entrevista. Marisol explicó la enorme prueba por la que su familia pasa, pero hizo ver también la fuerza que les ha dado la fe que comparten en cada uno de los desafíos que se les presentan. Sebastián casi no pudo hablar. Se quedó a medias un par de veces frente al micrófono.

Sus balbuceos no fueron producto de pánico escénico, sino de lo que yo llamo un exceso de valentía en el que las emociones encontradas rebasan la facilidad de palabra.

Todos en la cabina nos conmovimos en ese momento.Y el nudo en la garganta nos precipitó a la orilla del llanto, el cual no pudo ser evitado por algunos. Como humanos, sabemos que el difícil episodio por el que atraviesa Sebastián puede llegarnos en cualquier momento, de manera directa, o bien en un ser querido. En UNOP diagnostican de cáncer entre uno y cinco niños al día.

La enfermedad ocurre en 14 tipos diferentes, y es la leucemia el más recurrente. La carrera Arco Iris es una actividad en la que ganar no es el objetivo de quienes participan. La idea es contribuir. Y si la generosidad alcanza para más, en AYUVI existen formas de padrinazgo que brindan la oportunidad a quienes deseen aprovecharla, para dar su apoyo de manera permanente a esta causa.

Basta con ir una vez al hospital de UNOP para cerciorarse de su excelente trabajo. Al respecto, doy fe y firmo. Y sé que la entereza de Sebastián, puesta de manifiesto en las pocas palabras que emitió frente a los miles de oyentes en “A Primera Hora”, fueron y serán de inspiración para cuantos lo oyeron contener las lágrimas al relatar su historia. Tanto él como su mamá merecen mi total admiración.

Asimismo, Ada Luz y las damas rotarias que sacan adelante la carrera que este año se llevará a cabo el sábado 26 de abril, y no digamos Luisa Fernanda y todo el equipo de AYUVI que contagian su pasión por servir, con el inagotable esfuerzo de cada jornada. Esfuerzo en el que no escatiman empeño para alentar la curación de los niños que son tratados en su clínicas, de los que el 70% llega del interior del país, y 9 de cada 10 del total provienen de hogares con un ingreso mensual de Q2 mil promedio.

Hablar con Sebastián dista enormidades de lo que converso con muchos de los políticos que llevan tres años en campaña y que hasta se dan el cínico tupé de amenazar a los magistrados del Tribunal Supremo Electoral. Y la diferencia radica en algo fundamental. Con escasas palabras, Sebastián me inspira y me humaniza. Pero la verborrea de buena parte de quienes se dicen representantes de la gente, me decepciona y me aturde.

Gran contraste. Hoy compré un disco de Jean Michel Jarré. Se llama “Oxygen”. Es un clásico. Lo adquirí porque pienso regalárselo a Sebastián cuando termine su tratamiento y le den de alta. ¿La razón? Me dijo que le gusta la música electrónica, y considero que la obra del compositor francés le va a interesar. Es lo mejor que se me ocurre darle, en agradecimiento por su coraje, a quien en un programa de radio se convirtió en el héroe de la cabina.