Aunque afirmar eso sea un riesgo, considerando la capacidad auto destructiva de esta administración. El desgaste que enfrenta resulta a la vez patético e indignante. Patético, porque el cierre técnico de la emergencia del Hospital General San Juan de Dios es una afrenta para la población que busca sus servicios, y que ahora puede morirse por falta de insumos. Indignante, porque estas dificultades se veían venir hace meses, según me dijeron el doctor Edgar Rodríguez, de la unidad de cardiología de dicho centro asistencial, como también la doctora Zulma Calderón, de la Procuraduría de Derechos Humanos. Por cierto, ambos señalan en primera instancia al ex ministro Jorge Villavicencio del grotesco desabastecimiento.

Mientas tanto, el presidente Otto Pérez Molina le pide a los médicos que sigan trabajando, aunque no tengan con qué hacerlo. Lo cual, en algunos casos, podría equivaler a que si un paciente llega a la emergencia con una herida que urge suturar, a lo mejor los galenos solo estén en la capacidad de darle ánimos, pero que carezcan de los materiales básicos para curarlo.

Lo que ofende, además, es que en medio de esta insólita -por no decir criminal- situación, circule un audio en el que la diputada oficialista Emmilene Mazariegos conversa con el director de Salud de Huehuetenango, Edwin Villatoro, acerca del negocio de unas plazas en esa cartera. Ciertamente, el origen de esa grabación es ilegítimo. Y es asimismo evidente que fue filtrada con el fin de desprestigiar a la congresista.

Pero más allá de eso, por más montaje y edición que haya en esa charla, lo indiscutible es que el tenebroso trato refleja la burda e implacable manera en que los puestos en el Gobierno se vuelven botín político. No hace falta ser genio para determinar tal cosa, luego de escuchar esa conversación. Y me preocupa, pese a que no me extrañe, que la bancada oficialista y su dirigencia la apoyen. Éticamente, eso es indefendible. En cuanto a la lealtad, entiendo. Y lo entiendo, sobre todo, porque es bien sabido que la mayoría de diputados ejerce influencias similares cuando se halla cerca del poder, y aun cuando no. Imagino que muchos de los que han exigido de mala manera, o platicadito, que se nombre a sus allegados, estarán temiendo que ahora salga a luz alguna de esas “recomendaciones” que los muy diligentes escuchas telefónicos han de tener en sus temibles archivos. Aunque bien podría ser que apenas les importe, dada la escasez de decoro que impera en nuestro medio. Me decepciona además la reacción lenta e insensible de los actores políticos. Y aquí habló de los que ocupan el poder, como de quienes aspiran a alcanzarlo.

Señoras y señores candidatos: por sí no se han enterado, en el San Juan de Dios no se encuentra habilitado el “cuarto de desastres”. Es decir, la habitación de reserva que sirve para enfrentar los momentos críticos tales como los accidentes colectivos o los temporales con víctimas. Sucedió lo impensable: el “cuarto de desastres”se quedó sin nada, de acuerdo con lo dicho en Emisoras Unidas por el doctor Rodríguez. Ojalá no ocurra una crisis que precise de su uso en el corto plazo, pues las consecuencias serían nefastas. Además, que las lavanderías de hospital no funcionen trae consigo consecuencias de horror.

Por ejemplo, las sábanas que no se lavan en tiempo quedan inservibles, según el médico antes citado, pues las secreciones mayores de un enfermo no se desprenden ni se borran así porque así. A lo que se suma la falta de pago de salarios a no pocos salubristas y la angustiosa posibilidad de que la próxima emergencia que colapse sea la del Roosevelt, que ha estado apuntalando a la del San Juan de Dios durante estos días aciagos. Y no solo: en otro ámbito de acción, la captura del abogado Vernon González, acusado por la CICIG de tráfico de influencias en el caso de la magistrada Claudia Escobar, es una penosa adición que causa enorme desgaste al oficialismo.

¿Puede algún guatemalteco consciente y con cierta dosis de humanidad aceptar estas carencias, cuando todo apunta a que en la compra de medicinas, tanto en el sistema hospitalario nacional como en el IGSS, se han movido y perdido millones de quetzales en negocios turbios y productos sobrevalorados? ¿Qué decir de las numerosas e inminentes plazas fantasma en la cartera de Salud que hacen noticia últimamente? ¿Cómo analizar esas variables en un tablero tan lleno de iniquidades y de injusticias?

Viéndolo así, el momento para el Gobierno no puede ser peor. Aunque afirmar tal cosa sea un riesgo dada su ya demostrada capacidad auto destructiva. Me da pena escribirlo, pero así lo pienso: a pesar de esta calamidad tan infame, el asunto puede ponerse incluso más delicado. La lógica es simple: donde faltan los escrúpulos, la vileza se desata.