Insisto: a Jimmy Morales le urgen buenos asesores. Gente en la que pueda confiar. Gente que sepa de operación política no mañosa. Gente que lo guíe para superar la tempestad”.

El tema de los asesores presidenciales no debe verse de manera superficial. Hoy más que nunca son de vital importancia. Los buenos, digo. Los que saben dibujar escenarios y manejar crisis. Los que leen la realidad de tal manera que sirven como alerta temprana para abortar los desastres que trae consigo la improvisación.

A propósito de prevenciones, algo de lo que hace CONRED. Sin embargo, de poco o de nada pueden serle útiles esos asesores al mandatario si no les presta oídos, o bien si solo los usa de parapeto para mantener decisiones erráticas. El episodio del fallido decreto gubernativo, que generó tantos titulares negativos la semana pasada, fue un error que pudo evitarse y, sobre todo, que debió detenerse a tiempo.

La pifia, además de innecesaria, solo dejó desgastes y sinsabores que aún no han terminado. No era tan difícil darse cuenta del error. Según lo dicho en una entrevista por el abogado Mario Fuentes Destarac, correspondía al secretario general de la presidencia detener la publicación de ese decreto y evitar el autogol.

Para eso se supone que está. De ahí las inevitables preguntas: ¿Le habrán consultado? ¿O es que le preguntaron y no se percató? ¿Cómo aceptar que haya permitido que pasara un texto que presagiaba tormentas? La administración de Jimmy Morales se ve vulnerable y sin Norte. Las caras largas y desencajadas abundan. Y no pareciera haber nadie en el equipo de Gobierno que prevenga al mandatario de los desaciertos inminentes. El ejemplo más claro es el efímero estado de prevención. La noticia empezó a crecer la tarde del martes 20.

El rechazo a la suspensión de algunas garantías constitucionales era la crónica de una debacle anunciada. Eso circulaba con profusión. Y no puede ser que nadie en el Ejecutivo se haya dado cuenta. Antes de que cayera la noche, debió actuarse con celeridad e impedir así la avalancha de críticas.

Es decir, mostrar la voluntad de enmendar la plana y dar marcha atrás en lo publicado. No insistir. No polemizar. No sembrar dudas. ¿Precisaba el vicepresidente Jafeth Cabrera llegar al enfrentamiento verbal con una reportera por ese resbalón, y después incurrir en agresividades porque le cuestionaron el alquiler de su casa en la zona 14? Todo eso era evitable.

Además, sonó desagradable y manipulador cuando las autoridades casi señalaron a la prensa de ser la eventual responsable de cualquier tragedia en el país, dado que estaba impidiendo, según los funcionarios, que se invirtiera en la gestión de riesgo. Fue el momento en que más me enfadé. Si tanta urgencia había para hacer compras directas, ¿acaso no era más sensato retirar los polémicos incisos del decreto y seguir adelante con los planes? Expertos de toda índole opina que existen otros caminos legales para ese tipo de adquisiciones. ¿Entonces?

Es ahí cuando los consejeros de quienes ocupan los altos puestos se ganan el sueldo. Pero también es en casos como esos cuando la experiencia de quien decide es fundamental para acatar la mejor sugerencia. Nada de esto parece suceder. El desconcierto reina en Palacio.

Y las amenazas abundan desde casi todos los frentes. Tiene razón la extitular de SEGEPLAN Karin Slowing al afirmar que la figura del asesor se confunde con frecuencia con la del adulador. A lo que añado lo dicho por la presidenta de Asíes, Raquel Zelaya, en cuanto a que la falta de cuadros en los partidos actuales no da margen para conformar un equipo cercano con el que un presidente se provea de luces y de brújulas.

No puede ni debe descartarse que se emitan órdenes de captura contra los familiares cercanos del mandatario Jimmy Morales. Ello, sin embargo, lejos de desgastarlo, hasta podría darle una enorme oportunidad de volver a posicionarse como un alto funcionario que no se aprovecha de su puesto para proteger a los suyos. Aunque el golpe emocional sea tremendo.

Con todo, no estoy seguro de que, si ocurriera, supiera manejarlo con la suficiente habilidad política. Mientras tanto, los rumores corren. Por ello, resulta urgente que la estrategia de comunicación del Gobierno deje de dar palos de ciego y empiece a profesionalizar sus acciones. No ha de ser gracioso para el gabinete que haya dos solicitudes para retirarles el antejuicio. Y no es remoto que algunos ministros estén pensando en renunciar.

El escenario de horror para la “estabilidad” del país, entrecomillada por razones obvias, es que los casos de corrupción y de ligamen con el narcotráfico que han saltado hasta las páginas de algunos medios de comunicación, se vuelvan un jueves de CICIG y MP. Es la única manera en que a inmediato plazo podría haber cambios en la cúpula del Ejecutivo, pues no veo por ahora posibilidad de que manifestaciones populares pidan tal cosa.

No es atractiva la idea de un cataclismo en la Casa Presidencial. Insisto: a Jimmy Morales le urgen buenos asesores. Gente en la que pueda confiar. Gente que sepa de operación política no mañosa. Gente que lo guíe para superar la tempestad. Y está claro que no hablo de los “arrastrados” que solo sepan decir “sí”. De más está que lo escriba, pero igual lo hago: prevenir siempre es mejor que lamentar. Como dice la CONRED.