Los partidos políticos gastan millonarias sumas de dinero para financiar sus campañas electorales. Como dice el dicho popular: “No hay almuerzo gratis”. El financiamiento privado que reciben los partidos políticos para financiar sus campañas políticas está condicionado por los intereses y objetivos de los principales financistas.
En este contexto, se explica un poco, porque algunas empresas se ven beneficiadas con “jugosos contratos y negocios” con el gobierno, en donde sobrevaloran los costos de los bienes y servicios que brindan; y terminamos pagando el doble o el triple de lo que esos bienes y servicios valen en el mercado. Por citar un ejemplo, el Hospital San Juan de Dios compró piñas a Q36.00, cada una. ¡Injustificable e inconcebible!
El modelo de financiamiento partidario en Guatemala se caracteriza por ser personalista, opaco, descentralizado e incontrolable, según se describe en la investigación “Partidos políticos guatemaltecos: financiamiento e institucionalidad (Novales, 2004)”.
El financiamiento privado, en su mayoría, se canaliza directamente a través de los candidatos y no a través de los partidos. La relación directa se establece entre los financistas y los candidatos, sin la intermediación del partido. Lo preocupante es que las normas que tiene el Tribunal Supremo Electoral, para fiscalizar y controlar el financiamiento partidario, se enfocan en vigilar a los partidos y no a los candidatos. Por ello, el financiamiento es muy opaco y difícil de fiscalizar.
Este modelo de financiamiento tiene una relación directa con las prácticas de corrupción en el gobierno, con la calidad de los partidos políticos y con la calidad del debate electoral durante la campaña. Los partidos, en este contexto, lamentablemente cumplen el papel de ser los vehículos o plataformas políticas que los candidatos utilizan para llegar a gobernar.
Por otro lado, este modelo de financiamiento promueve campañas políticas con un pobre nivel de discusión política. Las campañas se caracterizan, ente otras cosas, por realizarse en multitudinarios mítines en donde los candidatos, en medio de alegres y entretenidos bailes amenizados por grupos musicales, presentan sus promesas de campaña, que regularmente acompañan con regalos, que van desde bolsas con artículos de primera necesidad hasta láminas y electrodomésticos.
Los partidos políticos no están interesados en presentar programas políticos y soluciones a los principales problemas del país. Ya que están más concentrados en promover, mediante prácticas clientelares, campañas políticas en las que los regalos, las dádivas y las falsas promesas están a la orden del día.
La campaña se acerca cada día más. Estamos a menos de dos meses para que el TSE dé el banderazo de salida y los partidos entren de lleno en la campaña electoral. En ese sentido, es importante que nos detengamos un momento a pensar en los efectos que tiene este modelo de financiamiento perverso, que pervierte y degenera a la política en el país. @josecsa2