“Se vende una negra criolla, joven, sana y sin tachas, muy humilde y fiel, buena cocinera, con alguna inteligencia en lavado y plancha, y excelente para manejar niños, en la cantidad de 500 pesos. En la calle de Daoiz, número 150” (anuncio publicado en la prensa cubana de la Habana, en 1839. En el mismo anuncio se venden negros esclavos, caballos y sanguijuleas”).

No hay mucho que decir. La esclavitud es un acto inhumano que denigra la dignidad y vulnera los derechos humanos de las personas. Es un acto que debemos condenar y no escatimar esfuerzos para erradicar.

La cita con la que inicio esta columna muestra una realidad que se vivió en Cuba, Estados Unidos, Guatemala y en varios lugares del mundo durante mucho tiempo. En ocasiones pensamos que la esclavitud es parte de los libros de historia. Nos equivocamos. Millones de personas alrededor del planeta en la actualidad viven en esta inhumana condición.

Y aunque parezca increíble, cerca de 36 millones de personas son esclavos en países como Mauritania, Uzbekistán, Haití, Catar e India. Los beneficios que genera la esclavitud son millonarios. Se estima que alrededor de 150 mil millones de dólares produce en ganancias ilícitas cada año.

Es la segunda mayor fuente de ingresos para el crimen organizado internacional, solo detrás del tráfico de drogas, indica la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

La esclavitud moderna tiene los rostros de hombres incapaces de dejar sus empleos por deudas devastadoras, mujeres y niños explotados laboralmente sin salarios y jornadas “eternas” (sin días descanso), trabajadores domésticos abusados o a quienes se les ha negado una educación y son forzados a trabajar desde niños o a casarse muy jóvenes, la trata de personas con fines de explotación sexual y trabajo forzoso.

Según el Índice Global de Esclavitud en Guatemala viven 33 mil personas en condición de esclavos modernos. El país ocupa el puesto 115 entre 164 países donde persiste la esclavitud.

En el país la esclavitud moderna la viven niños que venden o mendigan en las calles y semáforos de la ciudad, trabajando al amparo de redes criminales que los explotan y esclavizan. También se da en casos de niñas, en su mayoría indígenas provenientes de municipios muy pobres del país, que son esclavizadas en tiendas y tortillerías de barrio. Así como en otros espacios y actividades económicas. No olvidemos, por ejemplo, la prostitución y la trata de personas, tampoco los casos sucedidos durante la época del conflicto armado interno.

El pasado 2 de diciembre se conmemoró el Día Internacional para la Abolición de la Esclavitud. En ese marco, los desafíos para erradicar la esclavitud moderna en el país, en principio, están para el Ministerio Público, el Organismo Judicial, y en general, todas las instituciones del sistema de justicia. Especialmente para promover la persecución penal, la investigación y la sanción de este tipo de casos, que permita desarticular a las bandas del crimen organizado nacional y transnacional que cometen estos delitos. Hay mucho que trabajar. Empecemos con la denuncia ¿Está dispuesto a denunciar casos de esclavitud?