La Gran Campaña Nacional por la Educación y su Observatorio Nacional de la Calidad Educativa han identificado prioridades y desafíos el sistema educativo. Entre ellos destacan los desafíos en materia de cobertura educativa, especialmente en el nivel preprimario y el medio. Por otro lado, también enfatiza la calidad educativa. Los desafíos en esta última prioridad pasan por atender varios aspectos. Uno de ellos indudablemente es la formación de los docentes. 

El tipo de formación que reciben los profesores tiene un impacto directo en la calidad de educación que les imparten a los estudiantes en las aulas. Desde los Acuerdos de Paz se estableció un diseño de reforma educativa que deseaba llevar la formación de los profesores a nivel universitario, como sucede en muchos países del mundo.    

En 2013, luego de un largo proceso de discusión, se implementaron cambios en la formación inicial de los docentes. El docente es el uno de los factores más importantes para mejorar la calidad del aprendizaje de los estudiantes. Por ello, el proceso de su formación requiere de tiempo calificado y servicios de calidad para fortalecer su calidad de formadores. No olvidemos que los cambios buscan que los futuros profesores desarrollen competencias para la vida y que además cuenten con una formación que les asegure el éxito profesional. 

La formación de los docentes se divide en dos fases: el bachillerato con orientación en educación y la fase universitaria. En la primera, los estudiantes adquieran conocimientos profundos de las diversas áreas que enseñarán en su vida como docentes y luego, en la segunda fase, la universitaria, su formación deberá concentrarse alrededor de requerimientos del currículo, teorías pedagógicas y desarrollo del niño, así como en la observación y práctica docente que le prepare para su quehacer diario en el aula. 

La calidad educativa no es negociable en un país con los desafíos educativos como los que enfrenta Guatemala. La niñez y la juventud se merecen una mejor educación. La calidad en la educación no solo depende de tener centros educativos con docentes competentes formados a nivel universitario y en forma continua, ejerciendo un liderazgo proactivo y dinámico dentro del aula. 

También requiere que los maestros velen por la protección de la niñez dentro de la escuela; que se cumpla el mínimo de 180 días de clase; que exista un apoyo al proceso de aprendizaje con programas de alimentación escolar, útiles escolares y valija didáctica; no olvidemos la infraestructura escolar adecuada y digna; así como facilidades para la participación activa y corresponsable de padres y madres de familia; la implementación del Currículum Nacional Base (CNB) que favorezca el desarrollo de competencias para la vida y el trabajo en los estudiantes; la enseñanza bilingüe intercultural pertinente que responda a las necesidades del contexto cultural; una sociedad civil involucrada en el desarrollo educativo y un proceso efectivo de gestión educativa. 

La educación en el país enfrenta muchos desafíos. Pero sin duda uno de los esfuerzos que deben las actuales y las próximas autoridades continuar fortaleciendo es la formación inicial docente a nivel universitario. No podemos permitir un retroceso en este aspecto. ¿Qué opina usted?