En estos días ha circulado por correo electrónico y en las redes sociales (Facebook y Twitter) una campaña que invita a las personas a votar “nulo” en las próximas elecciones. La campaña es interesante porque permite reflexionar sobre la utilidad y el efecto que tiene votar de esa manera.

La Ley Electoral y de Partidos Políticos contempla que los votos en la elección pueden ser de tres tipos: a) válidos, b) nulos y c) en blanco. Los votos válidos son aquellos en los que el votante, mediante la marca en la boleta, expresa de manera explícita su intención de voto por un partido. Por otro lado, el voto nulo es aquel en donde no se identifica claramente la intención del votante, cuando existe más de una marca en la boleta, o en su defecto cuando la marca se sale de la casilla del partido. Por último, el voto en blanco es aquel en donde el ciudadano no marca la boleta electoral.

Lo interesante a destacar es que los votos nulos y blancos no importan para la asignación de los cargos públicos a elegir, ya que solamente se considerarán los votos válidos. Es decir, el sistema excluye los votos blancos y nulos, y, por ende, estos votos no influyen ni determinan los resultados electorales. En algunos casos, los partidos con más votos válidos salen beneficiados de los votos nulos y en blanco.

No puedo negar que muchos de los guatemaltecos y las guatemaltecas no se sienten identificados con el sistema político y consideran que tanto los candidatos como los partidos no tienen la solución a los problemas del país y que, en la mayoría de los casos, lo único que buscan los políticos es llegar al poder para beneficiarse de él.

Es decir, estos ciudadanos, con toda la razón del mundo, manifiestan una fuerte insatisfacción por el desempeño de la democracia representativa, y no se sienten identificados con las opciones que los partidos están presentando en la “anticipada” contienda electoral.

Esa insatisfacción ha motivado a que muchas personas crean que el voto nulo o en blanco tiene un impacto en el sistema. Por un lado, consideran que es una muestra de rechazo y repudio a los políticos, y por otro, creen que al votar así se promueve un cambio en el sistema.

No estoy de acuerdo con esos argumentos. La discusión de por sí no tan simple como se trata de hacer ver. El voto nulo o en blanco, aunque muestra cierto descontento, rechazo e insatisfacción al sistema, no tiene un impacto y efecto directo en la elección, y termina siendo una acción inefectiva. El voto nulo pareciera ser la salida más fácil frente al descontento.

El voto nulo no ayuda a consolidar la cultura democrática, ni exige a los partidos un debate serio y de altura, tampoco es una medida que proponga alternativas. Es una muestra de indiferencia y de no querer asumir la responsabilidad de elegir a las próximas autoridades.
Los recursos y los esfuerzos que están utilizando para promover el voto nulo, deberían reorientarse a impulsar acciones que les exijan a los candidatos y a los partidos políticos propuestas reales, viables y concretas. En lugar de estar promoviendo el voto nulo, deberían apoyar acciones para fortalecer la cultura democrática en el país. Una cultura política que genere no solo el debate y la discusión, sino la crítica y la participación activa y permanente de los ciudadanos y ciudadanas, para pasar de una “ciudadanía electoral” a una “ciudadanía plena”. ¿Qué opina usted?